Invierno 

No nos conocemos, pero me han hablado de ti. Dicen que tienes una sonrisa que congela los corazones más pasionales, y unas manos que abrazan de manera distinta.

Me han contado que tus atardeceres no se parecen a los de ningún otro y que exhumas chulería por todas las esquinas. Dicen que eres de piedra, hasta que dejas de serlo.

Que en tus ojos verdes se refleja el mar, y que pareces hecha para vagar por las montañas. Me han contado que te gusta comer, y ya no ha hecho falta que me cuenten más. Que tienes más variedad gastronómica de la que te da tiempo a contar, y paisajes amarillos que se esconden de las lunas de invierno.

Me han susurrado tus cuentos para no dormir, y esa seguridad que te acompaña a cada paso. Me han dicho que no hay nadie que aporte más que tú, ni nadie que sea menos digno de confianza.


Me dicen que tienes calles que fueron hechas para ser paseadas, pero que lo verdaderamente digno de mención es la arena de tus playas.

No dejan de hablar de ti, como si merecieras la pena. Como si los días grises siguieras apeteciendo, como si tuvieras ese extraño magnetismo que nos obliga a volver.

Como si sonaras a casa.

Hopes

El invierno está llegando, y eso te pone de guapo subido. Quizás porque nos conocimos hace innumerables inviernos, cuando más frío hacía. O puede que sea esta luz otoñal tan favorecedora. El caso es que no recuerdo ningún momento en que me hayas apetecido tanto.

Nos ha costado llegar a un entendimiento, a tu soberbia y a mi, pero parece que vamos puliendo las esquinas. Vas dejando entrever tus inseguridades, los puntos cardinales que guardas más protegidos, los rincones que tienes bajo llave; esos que a veces parecen los campeones olímpicos del escondite. Esos que cuando llegan las nieves se ocultan del sol.

Me vas alimentando a base de detalles, a base de caminos limpios y sendas frondosas, me vas alimentando a base de tiempos. Has dejado de ser tan desagradable, empiezas a dejar las lluvias para más tarde, empiezas a enseñarme las caras más agradecidas, y eso termina haciendo mella.

Sigues teniendo un lado oscuro que me gusta, portador de misterios e historias para no dormir; es intrigante. Y la curiosidad, mi peor defecto. Por eso aún no me he aburrido de ti; y, a mi no me engañas, tú aún no has mostrado todas tus cartas.

Te quedan valles escondidos, donde albergas la tranquilidad, rutinas desconocidas y deshielos que soportar. Te faltan días de sur en los que volverme un poco más loca. Te falta una vuelta y media y -a veces- un par de granizadas. Te falta rematar.

Te falta el golpe de efecto que haga que irremediablemente me enganche a ti y no sea capaz  de hacer la maleta los domingos. Te falta sorprenderme una vez más, una luz diferente en la bahía, un nuevo bosque o un nuevo sitio donde alargar las cenas. Estás a una siesta al sol de atraparme por completo.

Y tú, en el fondo, lo sabes.

https://youtu.be/l1FHIwEtER4

¿Todavía tienes frío?

Déjame que te hable de un sitio donde ya ha llegado el otoño, pero donde las montañas nunca dejan de ser verdes. Un sitio al que es mejor llegar en coche, a poder ser a última hora de la tarde, porque desde la autovía se pueden ir distinguiendo los 10 millones de tonos de azul que el sol le dibuja al mar.

Un sitio al que no hace justicia la pintura, ni la palabra, ni los partes meteorológicos, un sitio al que no hace justicia la fortuna.

¿Todavía tienes dudas?

Déjame que te cuente la historia del infinito silencio, el más sobrecogedor de todos, el que te acompaña en las noches de invierno. Déjame que te cuente de la inmensidad de sus fronteras y la bravura de sus ríos. De una naturaleza que no espera por nada ni por nadie, de eneros en la playa rodeados de nieve.

Acompáñame por los caminos serpenteantes, por las sendas oscuras, a conocer la guarida del oso pardo ahora que hiberna. Vamos a coger castañas y a merendar bocadillos de nocilla tostados en la cocina de leña.

¿Aún no lo sientes?

Es el cuadrante más húmedo del norte, el frío que más llega, el calor que menos abriga, el mejor sitio para tener chimenea. Es la excepción al cambio climático y los cien tonos de grises que esperan al atravesar el escudo. Es la niebla entre los valles, que te cuenta cosas a media voz.

Es la morriña gallega y la nostalgia profunda, no echar de menos nada. Son los multitudinarios desayunos y los pueblos vacíos. Huele a cocido de mi abuela, a las fresas recién cogidas en la huerta, a sopa de pescado. Huele a mar y a nécoras de aperitivo en una terraza de Isla. Huele a arroz con almejas y a canelones al horno.

¿Todavía no lo entiendes?

Déjame que te cuente a qué sabe estar en casa.

 

 

Desde ese día 

El día que me dieron la última nota de la carrera era martes, y lucia el sol en Hvar (Croacia), mi graduación del colegio fue un ventoso 27 de mayo y el día que celebre mi 18 cumpleaños era un miércoles 18 de febrero.

Con lo corta que es la vida, nos pasamos el tiempo fijando fechas, recuperando momentos pasados, festejando recuerdos y obligándonos a recordar días señalados.

Con lo larga que es la vida, sentimos la necesidad de ponerle nombre a cada instante, de fijar en fotografías todo lo que nos pasa, de enjaular experiencias y etiquetarlas en un calendario.

Todas aquellas fechas que han sido y son anualmente importantes en nuestra vida se repiten en nuestra cabeza constantemente; cumpleaños, aniversarios, Navidad, la fecha de la oposición, el 25 de julio Santiago.

Un año más, termina una semana grande que ha sido gloriosa en todas sus formas y que nos ha dejado unís maravillosos días de sol a la espalda y un fin de fiestas pasado por agua.


Tal vez sea cosa mia, pero creo que nunca había visto a tanta gente en Cañadio. Bienvenidos todos a Santander, esperamos veros pronto y en otras fechas.

Ahora vamos a recrearnos en la nostalgia hasta que llegue de nuevo la fecha, y a disfrutar del verano que nos queda como buenamente podamos -que será de vicio-.

Y a seguir celebrando los días, que para un talento que tenemos no vamos a desaprovecharlo.


Hasta el año que viene!
https://youtu.be/_gm5piKnrS4

La felicitación más larga de la historia

Este año me hiciste uno de los regalos más bonitos del mundo y me desarmaste. Yo, que siempre he sido la reina de los detalles de pronto me quedaba en blanco, con prisas y pocas ideas. A veces pienso que la oposición me quema la imaginación desbordante que tuve en su día.


Y así sigo, sin haber encontrado nada que lo iguale. Había pensado regalarte cosas que igual ya tienes pero que saben diferente viniendo de otra persona. Un café en el faro, un desayuno en días de sur, un pescado en el cazurro, un tartar en cañadio, un atardecer en isla, una copa en el Anua.

Había pensado regalarte planes locos, de rafting, de puenting, de noches de rock and roll y desenfreno en el tándem río-opium. Pero a veces se llega a una edad en la que apetece beberse la vida a pocos.

Otra idea fue regalarte historias, conocimiento, o un nuevo lugar en el mundo a golpe de mapas y guías de viaje, a golpe de billetes de avion baratos. Pero luego me puse egoísta y pensé que si ese iba a ser el regalo prefería guardar mis cartas hasta un momento posterior, en el que pudiera disfrutarlo contigo.

También pensé en devolverte una cena casera hasta que terminé decidiendo que de eso solo conseguiríamos que hiciera el ridiculo. Y tus risas, claro.


Al final he decidido guardarme mis regalos pretenciosos para otra ocasión, porque no me cabe duda de que la va a haber, y regalarte lo de siempre. Unas palabras, para no perder la tradición. Regalarte el oído, si no me matas por el juego de palabras.

Y aquí estamos, un año más. Celebrando tu inestimable facilidad para cumplir años a lo grande, y esa habilidad tan sutil que tienes de rodeate de personas importantes. Como yo, claro. Y esa nueva adquirida capacidad que has desarrollado de conseguir que mi actividad favorita en el mundo -los viajes- se torne un poco agridulce.

No es la primera vez que haces un cameo en estas líneas, no será la última. Pero ahora mismo -y durante un tiempo- creo que te has ganado un poco de protagonismo. Como el que ya tienes para todo lo demás.

Y por eso hemos llegado hasta aquí, alargando lo inevitable. Solo para decirte de nuevo: muchas felicidades y quenotefaltenvuelos.

Todos los días 

Si algo he aprendido de ti, es que las cosas saben mejor si se comparten. Que un éxito no lo es tanto si no se celebra con alguien, y que un fracaso lo es menos si se reparte el peso entre varios. Toda la vida me has oído decir que las personas vienen a cumplir un papel en nuestro camino, y parece que el tuyo es el de la perpetuidad, uno muy protagonista.

Si tuviera que definirte en una palabra, probablemente diría que eres libre. Siempre lo has sido, a pesar de los condicionantes que te han venido impuestos desde fuera. Y esa libertad para ver por encima de las cosas a pesar de tu estatura, para decidir entregarte a la aventura sin freno, es una de las cosas que más admiro de ti.

No hay un lugar de Santander en que no tenga un recuerdo contigo -muchos de ellos silenciosos a pesar de tu facilidad de palabra- ni una parte de mi camino que no haya compartido contigo. Has sabido como hacer para entenderme y te he visto celebrar conmigo avances como si hubieran sido tuyos -muchas veces lo son-. La confianza, la lealtad, se construyen, y subsisten a las piedras del camino. Un buen puñado de años.

Esta entrada lleva demasiado tiempo siendo un borrador y tu demasiado tiempo orbitando conmigo. Y lo que hemos llorado… -en el río de la pila, en un bordillo en una verbena una noche de fuegos, en la catedral con mala iluminación, en la cala; nos gusta la variedad-. Y lo que nos hemos reído; sobretodo lo que nos hemos reído.

Puede que sea verdad que este va a ser nuestro año, puede que empecemos a aparcar a la primera en el rio a las 9 de la noche, que en los bares que nos hacen sentir en casa siempre haya mesa libre y que cuando lleguemos a la segunda este verano no tengamos a nadie alrededor interrumpiendo las siestas. Tal vez sea el año en que de verdad decidimos hacer algo con nuestra puesta en forma, puede que nos acerquemos un poco más a la independencia. Quizás se alineen los astros y luzca el sol cuando paseemos el sardinero, y dejemos de andar bajo la lluvia. Puede La Tasca empiece a repartir a domicilio y que elijamos las películas a la primera. Puede que terminemos de tachar los puntos de nuestra Bucket List.


O puede que sigamos como siempre y las tragedias se sucedan, pero que le vamos a hacer si disfrutamos con el drama. Sea como sea, será bueno si es compartido alrededor de la cerveza o un buen vino. En cualquier caso, vamos a seguir disfrutando de las cosas como nos gusta, con la moderación que de vez en cuando imprimo sin querer y las ganas que tu me has inculcado. Creciendo en paralelo. Sin pasar en casa más tiempo del imprescindible, poniéndonos morenas sin tomar el sol, asumiendo que ya somos ¨las de siempre¨en casi todas partes. Y que venga el mal por donde quiera.

https://youtu.be/Tm88QAI8I5A

Excusas

Se me han acabado las excusas para ti. Para tus formas a medias y tus tardes de nubes. He ido diciendo por ahí que es esta época del año, que nos trastorna un poco a todos y nos pone melancólicos. Que estos días ni frío ni calor que los meses se hacen largos y hay poco entretenimiento. Que son esos meses que ni otoño ni invierno, ni nieve ni sol, que la lluvia hace falta para regar los campos.

Qué a nadie le amarga un dulce y todos preferimos ver verde a nuestro alrededor, que febrero y marzo se hicieron para ponerse al día con las películas que nunca viste y disfrutar de la comida basura antes de que empiece oficialmente la operación bikini.
Pero se me van acabando las razones. Es cierto, la Semana Santa está a la vuelta de la esquina, he desarrollado algún que otro hobby nuevo y este tiempo me da todo el tiempo del mundo para estudiar; pero me falta el sol, llámame loca.
Me falta el sol y un mar menos gris y más azul. Que a mí me vale todo menos la persistente lluvia. Parece que se anuncian cambios y de ser así, estoy preparada para perdonar. Que no puedo esperar a salir de estudiar y que sea de día o a poder salir por la noche sin un paraguas que arrastrar de bar en bar.


Qué la broma ha estado bien, pero solo por un tiempo, que la paciencia es amplia pero no ilimitada. Tampoco pedimos mucho, con un par de días de sur nos conformamos. Un amago de verano, de esos que nos gustan. De rabas improvisadas en el faro y dejar el abrigo en el coche.

https://youtu.be/Lot7QMSmhvQ
Y después que vuelva el invierno cuando quiera.

Qué tontería.

Creo que nunca había conocido a nadie que voluntariamente tomara la decisión de no regresar a cantabria. Puede parecer una tontería pero como cántabra para mí es una decepción. El sentir que como ciudad o como región no hemos sido lo suficientemente afectuosos, o lo suficientemente atentos. Es algo así como la sensación que se te queda cuando invitas a alguien a una fiesta en tu casa y se marcha antes de tiempo, poniendo una excusa absurda.


A veces el sentimiento de arraigo es caprichoso. Se manifiesta en formas desconocidas y te hace sentirte extraño.

Para alguien como yo, que le vendería Cantabria a quien fuera tiene un cierto regusto a fracaso el que alguien deje esta tierra sin haber caído rendido a sus pies. Puede ser exagerado pero creo que en cierto grado es algo que todos sentimos. Lo que es nuestro nos llena de orgullo, nos crea esa inevitable necesidad de compartirlo, de convencer hasta al más escéptico de que merece la pena cada metro cuadrado de verde. Qué tontería.

Como si se pudiera enseñar a querer los paisajes o la gente, como si pudiéramos vender que a este clima se le termina cogiendo cariño.

Como si nos levantáramos por la mañana con ganas de llevar a los demás a nuestro refugio secreto, ese desde donde mejor se ve el mar. Como si  la adrenalina y los escalofríos de bañarse de noche en la playa en pleno invierno fuera algo que aún mereciera la pena.

Como si viviéramos para probar nuevos platos o nuevos vinos. Como si siguiéramos teniendo sitio para los sobaos de postre.

Qué tontería.

Volver

Antes te gustaba más volver. Me llamabas y me decías “a que no sabes dónde estoy?” Y yo adivinaba que acababas de coger el tren, aunque solo se oyera silencio de fondo. Me escribías un mensaje que decía “estoy aquí” cuando en realidad querías decir “estoy en casa”, solo que tu reputación no te dejaba ser tan explícito.

Aparecías por sorpresa donde menos te esperaba, cuando peor me venía, cuando más me apetecía.


Va por temporadas, a todos hay una época que se nos hace cuesta arriba volver a casa. Pero ahora es Navidad, y de esta ni siquiera tú te escapas.

Y aunque sea una Navidad atípica, en la que el sur nos recibe diariamente y las noches parecen veraniegas, hay cosas que nunca cambian.

Actualmente hay siete grupos de whatsapp manteniendo la conversación “que hacemos en nochevieja”, y los que no hablan de eso están ahora mismo decidiendo a qué hora quedar en peñaherbosa.

Hablas con los de fuera y les dices que se lo piensen bien, que igual les compensa no volver a casa en nochebuena para compartir champán el mediodía del día 24 en las calles de Santander. La gente está cambiando turnos en el trabajo y haciendo tetris en los coches que salen de Madrid el 24 a primera hora para llegar a tiempo.

Ávila y valor han sacado los adornos navideños y están preparando el chocolate de la madrugada del 1 de enero, ese que sabe diferente. Las comidas de empresa se encadenan sin piedad y organizar una cena navideña familiar cuesta diez o doce llamadas de teléfono. No contemplo ahora mismo en mi calendario ningún minuto de las navidades que no vaya a pasarme comiendo.


Lo que antes eran cenas ahora se planean como maratones culinarias de todo el día, para aprovechar al máximo los momentos que podemos compartir entre amigos. Y las despedidas y las bienvenidas se solapan.

El sábado he intentado tres parkings distintos antes de conseguir aparcar, y mi agenda de regalos empieza a amontonar cosas por encontrar. Las tarjetas de crédito calientan en la banda, temiendo el momento de salir a jugar; y el pequeño comercio confía en que el encanto de Santander y el sur le hagan ganar esta partida a los grandes almacenes.

He visto colas en monerris que daban la vuelta a la manzana y en mi casa ya se está sorteando quien compra los roscos este año. Hace un par de días que de postre solo se toma turrón.

No veo el momento de empezar a ver maletas a medio deshacer donde antes había suelo, y de quejarme de que en esta ciudad comienza a haber demasiada gente.

Hay cosas que son inevitables; Ramón García va a dar las campanadas, aún hay indecisos que no saben qué van a votar el domingo (y no les importa), la lotería tampoco me va a tocar este año, el 1 de enero amaneceré a tiempo para el Danubio azul y tú te quejaras el día 6 por tener que irte.

Y ese es el encanto de estas fechas, que aunque el mundo siga girando, se para un poco cuando llega diciembre.

https://youtu.be/vY7sabq_C1U

Pd. (Y quería decir que con esta ya van 50 veces que os cuento cosas, así, con la tontería…)

No nos moverán.

Hola, otoño. Perdona que no me levante pero me pillas cansada. El verano me ha pasado por encima como un tractor en plena siega y me ha chupado más energía.

Luchar contra los propios principios es complicado, y mandar a tu cuerpo sentarse a estudiar cuando lo que está en tu modus operandi es salir a disfrutar de sol, del calor y la gente, agota.


Nos lo hemos pasado bien, en cualquier caso. Los ratos esporádicos de Cañadio y baile han merecido la pena. Y es cierto que estás haciendo la transición agradable, te lo debo conceder, estos ratos de sol que nos regalas y nos cogen por sorpresa se agradecen. Pero no engañas a nadie.

Cuando menos lo pensemos vas a traer a la lluvia de visita, y se nos van a estropear los domingos en el faro y los sábados de hockey. Las cenas en terraza y las noches de río. Que nos conocemos.

Los dedos se nos van a encoger dentro de los zapatos y la humedad nos va a llegar hasta el alma. No creas que vamos a amilanarnos por ello, tenemos el chubasquero armado y los paraguas sacado brillo, no vas a poder con nosotros.

Nos tienes en guardia preparando la lista de bares con terraza cubierta y mirando de reojo las paredes exteriores de los restaurantes analizando cuáles tienen estufas y cuáles no. Hemos reservado mesa vitalicia en el Cantabria.

Estamos haciendo recuento de suministros y turnándonos para hacer cenas en casa, y alguien me dejó en la mesa el otro día la cartelera de la filmoteca, para que vaya despejando mi agenda.


Ya hemos bajado del altillo las bufandas y conozco a algunos que tienen preparada una ruta del cocido por Cantabria para los fines de semana. No nos vas a intimidar.

Hemos comprado vuelos para descansar de tu forma de hacer las cosas y hemos decidido que tu llegada nos viene estupendamente para adelantar trabajo y poder dedicarnos en unos meses en cuerpo y alma al verano.

Trae la lluvia, que estamos preparados para todo.

Oh we’re still the greatest
The greatest
The greatest