La noche

No dormir por nervios. Me encanta. El insomnio acompañado de ese nudo en el estómago que te hace revolverte en la cama, apretar los dientes y reírte a carcajadas al minuto siguiente. Como si te hubiera abandonado la cordura.

No dormir porque tienes la sensación de que, al cerrar los ojos, vas a caerte al precipicio. No dormir porque hay un pensamiento que martillea constantemente tu cabeza, aunque no seas consciente de cuál es o de viene. Cuando no es más que la incertidumbre la que te mantiene despierto. Es un tema controvertido, pero yo soy muy fan de esa sensación.

De la noche antes del seis de enero, de la noche que te haces un año más viejo, la noche antes de un examen, de hacer la llamada con la que aceptarás o rechazarás un trabajo, la noche antes de volver a verlo, la previa a una cita importante.
La noche en la que tú instinto te anuncia que tú vida está a punto de dar un giro, sea en el buen o el mal sentido.
Esa noche.

2017

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Si, llegarás donde quieres llegar. Tal vez te cueste un poco más de esfuerzo del que habías previsto, un poco más de apretar los dientes y dejarte a ti misma ser más vulnerable de lo que querías. Pero llegarás. Tomarás un montón de decisiones equivocadas que te convertirán en la persona que eres ahora mismo, y aprenderás a saborear más los triunfos ajenos que los propios. Perderás gente por el camino a la que considerabas invencible, solo para darte cuenta de que los que te hacen fuerte de verdad nunca se fueron. Aprenderás a caminar un poco más despacio y a disfrutar más del camino, y que no es posible preverlo todo. Te vas a reír a carcajadas y un día al final de la última curva del año más extraño de tu vida te darás cuenta de lo que significa estar en casa, y cómo es un concepto que se desdobla para adaptarse al rincón del mundo en el que se encuentre todo aquello que te hace ser quien eres. Feliz 2017.

Miércoles con complejo de domingo

Quién te ha salvado del año pasado

Del tiempo que tarda en cerrarse el telón

Hemos ido agarrándonos fuerte a las curvas por las carreteras de cada canción 

Andando por un alambre como la línea de la vida de delgado, y nunca ha habido red

Faltan tan pocos días para el día D que ha pasado de ser el día D a ser simplemente el día, he perdido la cuenta de las horas que he pasado mirando por esa ventana.

Y por eso ha llegado el momento de hablar de ti. De ti que pasaste de llevar mal las relaciones a distancia a escribirme religiosamente cada jueves. De ti que me llamabas solo para ver si había comido bien. De ti que llevas meses sorprendiéndome, poco a poco y a cada rato. De ti que llegaste tímidamente y te has hecho un hueco en mi vida con apartamento propio y calefacción central.

Podemos hablar de ti, que me abroncas cuando me agobio y me recuerdas que no merece tanto la pena. O de ti que me has apartado un poco de tu vida aunque te haya costado solo por mi propio bien. De ti que pese a ser la persona más insistente del mundo has aprendido que, a veces conmigo, hay que saber cuando dejar de insistir.

Podemos hablar de ti, siempre presente para un vino. De ti, que me sacas a cenar. O de ti, que con una experiencia parecida a las espaldas me mandas miradas cómplices desde el otro lado de la barrera. Podemos hablar de ti que has cambiado tu carácter para adaptarte a los tiempos que venían.

No podemos dejar de hablar de ti, que has soportado en silencio broncas que no te tocaban, o de ti que has dejado hace tiempo de tenerme cosas en cuenta. Podemos hablar de ti que has sido un mensaje mensual inesperado, o de todos aquellos que han logrado sorprenderme. No vamos a hablar de ti y las decepciones, pero si de las conversaciones a media noche, al margen de una fiesta constante. De ti, que estás aquí desde el principio y que fuiste quien primero me dio luz verde para embarcarme en esta historia, con mis idas y venidas y mis subidas y bajadas, sabiendo la de cosas que nos íbamos a dejar por el camino. De ti que has mantenido al mundo a raya. De todos los que celebraron.

O podemos hablar de ti, que te has preparado este examen conmigo, que has sufrido cada curva de la montaña rusa en que me he convertido. Que me has acompañado por un camino que no te correspondía en absoluto pero que nos ha convertido en lo que somos ahora.


Sé a ciencia cierta que sin vosotros no hubiera llegado. O si, pero me hubiera vuelto loca y no hubiera sido ni la mitad de divertido.

A todos, gracias.

https://youtu.be/11j5bJyvBJA

Extenuación 

Estoy exhausta, extenuada, exánime, agotada; ando cansada, fatigada, consumida, carente de energía. Me faltan las fuerzas, me desaparecen las ganas.

Detrás de cada uno, está todo lo que no se ve. Pum pum pum, y la cabeza dando vueltas y vueltas como un coche de choque.

Los picos de animo, los acontecimientos externos, a veces se nos olvida que nosotros somos nosotros y nuestras circunstancias, y que estás siempre reclaman atención. El mundo no se para solo porque tú decidas dedicarte en cuerpo y alma a una cosa.

Pum, pum, pum y la sensación de perder el tiempo. Y la gente se marcha y no has disfrutado de ellos, y las cosas a medias, y las tazas de café vacías, y los recados acumulándose en listas de quehaceres.

Pum, pum, pum y necesito un agujero en el mundo donde esconder la cabeza, y una cena entre amigos, y compartir una copa de vino. Y sentarme en la terraza a hablar de las cosas que no pasan, y dormir durante años.

Tic, tac, tic, tac cada vez más cerca y más amenazador, como el cocodrilo de Peter Pan. Tic, tac, tic, tac. Y si no merece la pena? Y si no estoy preparada?


Tic, tac, tic, tac.

Estoy exhausta, extenuada, exánime, agotada; ando cansada, fatigada, consumida, carente de energía. Me faltan las fuerzas, me SOBRAN las ganas.

De domingo por la tarde

Y para ti que no me pides consejo, te deseo que tu trabajo sea un guilty pleasure. Que encuentres eso que te apasiona y te hace sentirte mejor contigo mismo, eso que hace que se note el orgullo al final de tu garganta cuando cuentas a qué te dedicas.

Que lo que estás haciendo ahora, sea el camino a seguir para llegar más lejos. Que puedas ir tachando uno por uno los puntos de tu lista de objetivos. Que no se muera tu ambición. Porque sí, hemos venido a este mundo para ser felices. Pero hay algo en nosotros que nos empuja a darle un sentido a nuestro caminar, caminar en círculos termina mareando. Así que fijate una meta, sea la que sea, tanto personal como profesional. No tiene que ser una meta difícil, ni una meta vital; puede ser solo un escalón en el ascenso. Puede ser quitarte la espinita de aquello en lo que algo te dijo siempre que podías destacar.


La recompensa no es sencilla, a veces tarda en llegar y exige más esfuerzo de lo que pensábamos. A veces, esta sociedad en la que vivimos en la actualidad que nos ha acostumbrado al placer inmediato, a la respuesta inmediata, hace que nos olvidemos de cómo ser pacientes. Que eso no te eche atrás. Rodéate de gente que te ayude a sentarte y coger aire durante un rato, sumérgete en el mar y quédate allí hasta que las malas ideas desaparezcan, baila hasta que no puedas más. Abre una cerveza que te de la energía para continuar.

Pero si has encontrado eso que hace que quedarte un domingo por la tarde en casa encerrado no te importe tanto, o lo que a pesar de los altibajos te reporte una sensación de satisfacción al final de mes, no renuncies a ello. “Find what you love and let it kill you”. Porque al final, lo que de verdad importa es saber que podemos hacer aquello que nos propongamos, que podemos destacar. Y que podemos estar orgullosos de nuestros logros personales, dejando a nuestro paso un bagaje más extenso del que en un principio sospechamos.


Y si le has dado una oportunidad y sigues sintiendo que no estás donde te gustaría estar, cambia las cosas. Nunca es demasiado tarde para volver a empezar, desde el principio otra vez, con la paciencia por bandera.

 

Feliz lunes.

 

Save tonight 

Cuando se es joven a veces se cae en el error de pensar que la vida es infinita. Que tenemos aún tiempo para hacerlo todo, que podemos permitirnos el lujo de dejarnos arrastrar por la desgana.

Últimamente tengo la sensación de que estamos dejandonos llevar por el deber y olvidándonos del querer. Como opositora tengo muy claro cuáles son mis prioridades y cómo debo organizar un día a día que gira alrededor del estudio, pero eso no quiere decir que no esté aprovechando mi tiempo.
Estamos en edad de disfrutar de todas las cosas que nos van sucediendo, de las incertidumbres y los miedos, de los trabajos que esperamos solo sean un alto en el camino, de las inversiones a futuro que esperamos tengan una recompensa tangible.


Aún nos sobran ganas, aún podemos reirnos de nosotros mismos y hacer el ridiculo. Aun podemos vivir sin importarnos lo que los demás piensen. Está permitida una parada en boxes de vez en cuando, por supuesto, pero es importante volver a arrancar cuando empecemos a encontrarnos demasiado cómodos.
La evolución nos ha puesto las cosas en bandeja, todo es incluso demasiado fácil a nuestro alrededor, pero eso no debiera impedirnos valorar lo que tenemos. La veintena es momento de asentamiento, pero de asentamiento dinámico. Momento de mirar alrededor y decidir quién vale la pena, de valorar la lealtad por encima de todas las cosas y disfrutar de los silencios cómplices.
Ya tendremos edad de dejarnos caer en el mundo haciendo repaso de lo que nos hemos reído. Porque nos estamos riendo. A carcajadas. Disfrutar con tranquilidad y asumiendo las consecuencias pero no dejando nunca de sentirnos vivos. Que es ahora y siempre cuando debiera apetecernos ser felices, y contar a nuestro alrededor con gente que disfrute viéndonos serlo.


Y ahora que se empieza acercar el verano, tomar las copas más frías y más despacio, disfrutar del sol en la nuca, meter los pies en la orilla de la segunda, cruzar en lancha un domingo a pasear el puntal. Bailar, todo el tiempo. Para celebrar, para olvidar y para reírse. Y no arrepentirse, que basta los mayores errores pueden ser una forma de crecer.
Ya tendremos tiempo de dejarnos llevar por la marea.

https://youtu.be/zHxnm1-gVS4

Puente

Levantarse de una mesa entre amigos en mitad de la sobremesa; decidir quedarse en casa en vez de salir; la ausencia de puentes, vacaciones y fiestas de guardar; sentir que te transformas en cierto modo; la falta de tiempo para hacer lo que querías hacer, para ver a quien querías ver, para repartirlo entre todo el mundo. Sentir que no estás cuando tienes que estar y que faltas a quien no tienes que faltar. Exprimir hasta el último segundo al día libre, compartimentar en él todo lo que a lo largo de la semana has dejado de hacer.
Y la incapacidad para trasladar a los demás de qué va todo esto, y por qué probarte a ti mismo de esta manera en el fondo merece la pena.

Feliz oposicion.

Lo que no puede ser no puede ser y, además, es imposible.

De un tiempo a esta parte la ilusión por hacer planes no es tan intensa. La rutina se ha puesto en marcha y no parece que se vaya a detener. He oído más de una vez que hay cosas que dan pereza. Pereza. No hay nada que me guste de esa palabra.

No tenemos EDAD para tener pereza. No tenemos edad para que no nos apetezca conquistar el mundo si nos lo proponemos, pasar el menor tiempo posible durmiendo y cambiar de plan todos los días.

No tienen que ser planes importantes, solo planes que despierten nuestras ganas. Ir a todos los estrenos de cine que podamos por mucho que sigan subiendo el precio a las entradas, hacer una ruta montañera, plantarnos un sábado a comer en Burgos, e incluso quedarnos en casa viendo series en el sofá, porque nos apetezca.

Vamos a desterrar la pereza que aún me quedan un millón de cosas por contarte, a mis piernas les quedan kilómetros por recorrer y mis ojos hay mil paisajes que todavía no han visto.

Vamos a volvernos locos y a comprar vuelos para el sitio más barato, para el sitio más cercano, apuntarnos a clases de baile y montar espectáculos gratuitos los viernes por la noche.

Me han dicho que hay una ermita en Cantabria que aún no conocemos, hace siglos que no vamos a los tojos a comer cocido. Llevamos tres dias de sur continuo -buen tiempo y excusa para hacer locuras- y aún no te he visto salir a tomar el aire.

La pereza es la enemiga del conocimiento. Abre un libro, abre dos, devoralos de una sentada. No tienen que ser cosas grandes. A veces las mejores ideas son las que parecen más insignificantes. Prueba cosas nuevas. Sal diciendo que “la última y a casa” y acaba volviendo con él sol.

Que no te de pereza salir de casa porque todos sabemos que después no vas a querer volver a entrar. Duerme lo justo para aguantar el ritmo. Destierra la pereza. Hay que saber espabilar incluso después de un día entero estudiando en casa. Incluso después de que él sofá te haya atrapado toda la tarde.

La pereza es mala consejera. Desconfía de cualquiera que te haga perder el tiempo. Vive, que estos años no vuelven.

No nos moverán.

Hola, otoño. Perdona que no me levante pero me pillas cansada. El verano me ha pasado por encima como un tractor en plena siega y me ha chupado más energía.

Luchar contra los propios principios es complicado, y mandar a tu cuerpo sentarse a estudiar cuando lo que está en tu modus operandi es salir a disfrutar de sol, del calor y la gente, agota.


Nos lo hemos pasado bien, en cualquier caso. Los ratos esporádicos de Cañadio y baile han merecido la pena. Y es cierto que estás haciendo la transición agradable, te lo debo conceder, estos ratos de sol que nos regalas y nos cogen por sorpresa se agradecen. Pero no engañas a nadie.

Cuando menos lo pensemos vas a traer a la lluvia de visita, y se nos van a estropear los domingos en el faro y los sábados de hockey. Las cenas en terraza y las noches de río. Que nos conocemos.

Los dedos se nos van a encoger dentro de los zapatos y la humedad nos va a llegar hasta el alma. No creas que vamos a amilanarnos por ello, tenemos el chubasquero armado y los paraguas sacado brillo, no vas a poder con nosotros.

Nos tienes en guardia preparando la lista de bares con terraza cubierta y mirando de reojo las paredes exteriores de los restaurantes analizando cuáles tienen estufas y cuáles no. Hemos reservado mesa vitalicia en el Cantabria.

Estamos haciendo recuento de suministros y turnándonos para hacer cenas en casa, y alguien me dejó en la mesa el otro día la cartelera de la filmoteca, para que vaya despejando mi agenda.


Ya hemos bajado del altillo las bufandas y conozco a algunos que tienen preparada una ruta del cocido por Cantabria para los fines de semana. No nos vas a intimidar.

Hemos comprado vuelos para descansar de tu forma de hacer las cosas y hemos decidido que tu llegada nos viene estupendamente para adelantar trabajo y poder dedicarnos en unos meses en cuerpo y alma al verano.

Trae la lluvia, que estamos preparados para todo.

Oh we’re still the greatest
The greatest
The greatest

Ni mucho ni poco sino todo lo contrario.

A medio gas, con medias tintas, ni frío ni calor, nublado. Podría jurar que esta peca no la tenía ayer. La angustia martilleando el pecho, un sentimiento que parece extraño, anti natura, al menos va en contra de MI naturaleza. La desconcentracion, la cara y la cruz. La cal y la arena. El tiempo que se acaba. Tic, tac, tic, tac. Ideas inconexas.

Subir al faro y querer volar, la locura del viento sur dando golpes al cristal. Y un toque de atención.

Nobody said it was easy. A veces parezco un pintor buscando inspiración mientras doy vueltas a esta habitación. Otras me pongo a reír sin darme cuenta. Alegaré enajenación mental transitoria. De eso tengo para los dos si hace falta.



No one ever said it would be this hard. Los cielos de Miguel Ángel despiden el día. Necesito un baño en la playa, una caña bien fría en San Juan de la Canal, un paseo por el San Martín de José María de Pereda.

I’m going back to the start. Caerme al agua al bajar del bote, y que me cubra por encima de las rodillas, una sudadera en el puntal, que empiece a llover mientras vuelvo a casa andando.

Llevo todo el día estudiando sin enterarme de nada, y necesito parar. Solución. Una ducha y descansar; y mañana, volver a empezar.