Dieguitos y mafaldas

Ahora que casi cambio de cifra, diré que los 25 me han traído todo lo que se esperaba de ellos. Durante todo este cuarto de siglo que llevo dando guerra, he conocido a personas maravillosas. Y creo que todo se puede resumir en eso. Personas con las que he compartido viajes, copas e innumerables cenas. Personas que han ido poco a poco modelándome para ser quien soy ahora.

Me han enseñado a crecer de manera diferente, aprendiendo que hay cosas en esta vida que merecen la pena todo el tiempo. Algunas solo pasaron por aquí para enseñarme a echar de menos, a ser menos dependiente o para que aprendiera que se puede seguir viviendo a pesar de las grandes pérdidas. De otras aprendí que la distancia no es más que un kilómetro al que sigue otro, y después otro y más tarde otro. Solo líneas en un mapa. Y que, sin importar las vueltas que vaya dando la vida, siempre es posible hacer por coincidir en el camino.

La lección que más arraigada tengo es que hay pocas cosas que valga la pena guardarse, que no tiene sentido esperar el momento adecuado para hacer las cosas porque hay que aprovechar los impulsos. Racionalizar menos, para vivir mejor. Aunque todo esto a veces se me olvide.

Por encima de todas las cosas, los últimos años de este cuarto de siglo me han llevado a entender que una mesa es mucho más que una mesa, y a apreciarlas en todas sus formas. Y que el vino en la cantidad adecuada nos pone de guapo subido, y nos hace querer diferente.

Que la motivación más intensa la vas a encontrar en ti mismo, y que debes ser tú quien crea en ti antes que cualquiera. Solo así llegarás donde quieres. Y después, que también hay que saber cuándo pedir ayuda, y que no-pasa-nada por ello.

De los 25 me llevo la sensación de estar en un constante precipicio, esa sensación perpetua de vivir en la cuerda floja, una montaña rusa que sube y baja, no estar un momento quieta. Haber vivido 25 veces más a tope de lo que estaba acostumbrada. Y haberlo disfrutado todo. Brindo por eso.

 

La noche

No dormir por nervios. Me encanta. El insomnio acompañado de ese nudo en el estómago que te hace revolverte en la cama, apretar los dientes y reírte a carcajadas al minuto siguiente. Como si te hubiera abandonado la cordura.

No dormir porque tienes la sensación de que, al cerrar los ojos, vas a caerte al precipicio. No dormir porque hay un pensamiento que martillea constantemente tu cabeza, aunque no seas consciente de cuál es o de viene. Cuando no es más que la incertidumbre la que te mantiene despierto. Es un tema controvertido, pero yo soy muy fan de esa sensación.

De la noche antes del seis de enero, de la noche que te haces un año más viejo, la noche antes de un examen, de hacer la llamada con la que aceptarás o rechazarás un trabajo, la noche antes de volver a verlo, la previa a una cita importante.
La noche en la que tú instinto te anuncia que tú vida está a punto de dar un giro, sea en el buen o el mal sentido.
Esa noche.

Con medias tintas.

Si hay una frase que me gusta escuchar, es “qué bien me conoces”. Tengo por hobby tomarme mi tiempo para conocer a las personas, el estudio del antropocentrismo más antropocentrico. El ser humano por el ser humano, intentar descubrir cómo hacer más fácil la vida de los que me rodean. No digo que se me de bien, de hecho muchas veces se me da estrepitosamente mal pero no siempre aquello en lo que destacamos es lo que termina por apasionarnos.

Por eso me gustan las sobremesas de gin tónic y los cafés en los días de lluvia. Por eso me gustan las cervezas de verano, porque en pocos sitios se conoce mejor a alguien como alrededor de una mesa.

Disfruto con la gente transparente, aquella a la que se ve venir de lejos, la que sabes por dónde te va a salir al cabo de un tiempo si le pones ganas. La gente que se deja conocer. Y sobretodo me gusta la gente que se esconde porque busca un poco de interés para mostrarse, la que requiere de una red de confianza para sacar a La Luz la inmensidad de sus virtudes.

Me gusta sorprenderme de lo bien que alguien me conoce a mi, y me encanta descubrir que aquel a quien creía conocer a la perfección aún tiene la capacidad de sorprenderme.

Y como buen reflejo de mi personalidad, también aprecio a aquellos que son un reto.

Pero sobretodo, me gusta sorprenderme a mi misma. Me gusta descubrir un nuevo pliegue de mi personalidad que no conocía, ver que puedo superarme en mi capacidad de perder el tiempo y a la vez en mi habilidad para angustiarme por no estar aprovechándolo. Ver que aprendo de mis errores y, más que nada, disfrutar de estar perdiendo poco a poco la cabeza.

Me encanta ver que cada segundo que pasa un poco de sensatez me abandona para dar paso a un recién adquirido don para apreciar las cosas, todas. No haberme aburrido aún de pasar tiempo conmigo misma es algo que me maravilla, casi tanto como mi absoluta ineptitud a la hora de compartimentar mi mente cuando tengo que estudiar.

Me alegra descubrir que soy una ignorante en todas las materias que existen en este mundo y una completa perdedora en cualquier juego de azar, aunque sea la más competitiva. Me gusta ser consciente de todo lo que me queda por aprender, pero también admirar de vez en cuando algunos aspectos de mi capacidad de sacrificio. Porque si no me quiero yo, no vamos a llegar a ningún lado.

Y por encima de todas las cosas, no saber nunca hacia dónde me dirijo y eso me gusta, porque como diría Lewis Carrol, es la forma de asegurarme que voy a llegar.

Mumford and sons- Ditmas

But this is all I ever was

And this is all you came across those years ago

Comienzos

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Las calles estrechas, las calles vacías. El resonar de mis tacones en el suelo de piedra. Las luces indirectas y toda la oscuridad. Empezar a encontrarme. El puente de piedra, echarme (te) de menos. El frío que no cala. Baby it’s cold outside. La verdadera familia. Los paseos aventureros, las esquinas que me pierden. Toda la piedra, todas las dudas. El río como un pobre sustituto de ti. Las sorpresas. Mi casa fuera de casa. La satisfacción de las cosas bien hechas. Este agujero en el espacio en el que el tiempo transcurre de forma extraña, más lento y más rápido a la vez. Todos los vinos y quienes vinieron a tomarlos. Alejarnos de todo. Todos los silencios del mundo.

Jugar por jugar

La vida no es un block cuadriculado,

Sino una golondrina en movimiento

Que no vuelve a los nidos del pasado

Porque no quiere el viento

Porque no quiere el viento.
Crecer no es solo sumar días a la espalda, crecer es aprender que la vida es otra cosa. Que somos insignificantes pero podemos llegar a ser grandes. Que hay martes aleatorios que me gustaría pasar la noche escuchando música en el Ponte Veccio, o sentarme a tomar una cerveza en un bar de Budapest con la compañía adecuada –o no-.


Crecer es aprender a priorizar, y saber que –ahora que ya hemos aprendido la importancia de las cosas importantes- el disfrutar debe tener siempre un lugar preferente en el camino. Tener una bucket list que se componga de personas y lugares que compartir. Que sepamos cómo estar solos cuando estamos rodeados de gente y como sentirnos acompañados cuando nadie más nos acompaña. Es una ruta escarpada en la que el complemento más importante es un buen conocimiento de nosotros mismos.
Apreciar los momentos pequeños, como un bar vacío en el que suena La oreja de Van Gogh a todo trapo o una vuelta a casa de noche con Mumford and sons de fondo, o un rulo de aguacate y gambas en el Umma al que acompaña la copa de vino correcta. Es saber que –tal vez- aquello que intentaron inculcarnos no es lo que queremos para nosotros. Y que probablemente aún nos queden muchos años por delante en los que no sepamos por qué derroteros nos va a llevar la vida. Y ojalá sigamos así hasta el final, dejándonos sorprender por el destino.


Es decidir que el deporte de moda es emplear nuestro tiempo en conocer a las personas –las nuevas y las de siempre-, y que la sospecha de que la vida no es tan corta como parece se convierta en la certeza de que todo el tiempo desaprovechado no vuelve.
Que cuando volvamos hacia atrás, no tengamos la sensación de haber perdido nada, aunque haya cosas que se hayan ido quedando por el camino. Y que nos hayamos reído mucho, todo el rato, a carcajadas.

https://youtu.be/a8-sFN6JX7w
Y es que la vida es cumplir años teniendo un alma joven que no se acuerda de aprender a envejecer.

Oda a las cenas

Me gustan las mesas grandes, llenas de gente; las cenas a las que al primer plato sigue un segundo, un tercero y una degustación de postres. Los viernes en que con la nota se pide otra botella de vino. Los días que te llama un amigo para que hagas de conejillo de indias de su último invento culinario.

Me gustan los aperitivos que se transforman en comidas, cenas, recenas y churros para desayunar. Me gusta empalmar el último gin tonic digestivo con la caña precena. Que nunca haya prisa por volver a casa, ni tampoco por levantarse de la mesa.


Me gustan las llamadas de teléfono que se convierten en las 16 sillas alrededor de la misma mesa de 4 en una terraza al sol. Me gustan los días en casa de los abuelos en que lo que empieza siendo una comida tranquila entre tres termina siendo un mediodía improvisado entre 14.

Me gusta disfrutar de La Cocina y las prisas con las que se come en una mesa de primos para no quedarse sin comer. Me gustan las patatas fritas por docenas que trae mi abuela a la mesa, y los domingos de lechazo.

Me gusta que me llames por teléfono y me digas que ya tienes la compra hecha y que me estás haciendo la cena. Porque para mí pocas cosas hay más especiales que compartir una comida. Y me gusta la gente con apetito, con hambre, con ganas. La gente que sabe disfrutar del dinero invertido en un pescado, una carne, o un plato de pasta.


Y sobretodo, me gusta la intimidad de una mesa regada con vino, los secretos entre platos, las anécdotas que hacen que te rías tanto que termines atragantado. Las comidas deberían ser de todo menos silenciosas. Y me gustan más que nada la familia -mía y la que se elige- con la que comparto las cenas, y la gente que las mesas hacen entrar en mi vida.

Pd. Y si pensáis como yo, no puedo dejar de recomendaros de nuevo aprovechando el momento el proyecto “around the table with” que refleja a la perfección la esencia de todo lo que una mesa debiera ser.

https://aroundthetablewith.wordpress.com

Ciclos

A todo cerdo le llega su San Martín y yo también he hecho las maletas. No te puedo decir que lleve toda la semana pensando en ti porque te engañaría y nunca hemos tenido una relación en la que engañarnos haya estado de moda. La independencia es adictiva y la novedad otro tanto. He tenido que alejarme de ti para conocer la productividad al cuadrado y es cierto que nunca había hecho tantas cosas en tan poco tiempo.


Tengo la sensación de llevar siglos en la distancia, y es que el tiempo aquí transcurre de manera diferente. No me da tiempo ni a pensar en lo que tengo que hacer antes de empezar a hacerlo. Este ciclo vital es de todo menos lento.

He descubierto que nunca se está solo por poca gente que te acompañe y que me gusta esto de trotar por otros mundos. Ser una mujer trabajadora me sienta bien, puedo adaptarme a tener la mente trabajando aún mas horas al día. Y nada me hace más feliz que haber descubierto que verdaderamente quiero dedicarme a esto y que las horas de estudio han tenido sentido.


No tengo queja ninguna. Y sin embargo, ahora mientras hago la maleta, me he puesto a pensar en ti y he descubierto que tengo ganas de verte. Este clima es aún un poco demasiado seco para mí, en el trabajo miran raro mi paraguas de “por si acaso”, esta ciudad no es infinita y le faltan montes que la abriguen por todos los puntos cardinales. Le falta el olor a sal.

Somos animales de costumbres y yo he llegado a mi límite, mañana me voy a ver el mar.

https://youtu.be/k-ImCpNqbJw

Esto me recuerda…

Me he puesto la chaqueta de echarte de menos pero parece que este septiembre me queda grande. Las coderas que le puse en la brecha del 2000 me quedan ahora a la altura de la muñeca y el siete que tenía a la altura de la cadera ahora me tapa el golpe que me di el otro día en el muslo con la estantería del pasillo. Huele a todo eso que tu eras y ahora has dejado de ser. Huele un poco a viejo y otro poco a haberse quedado todo el invierno guardada en el armario de la casa del pueblo.

Ya no me queda tan bien como me quedaba antes, no me sienta. Será que tu ausencia me ha vuelto pequeña, será que tu vacío no ocupa tanto como antes. Me la he puesto por nostalgia de uno de septiembre, pero lo cierto es que no he pensado en ti en todo el verano. Por primera vez no es una mera distracción lo que te sustituye. Me revuelvo en la chaqueta. No estoy cómoda. No se muy bien que hago aquí ni por que me la he puesto. Creo que han sido las vistas, el atardecer fugaz en la playa de Liencres que pronto han cubierto las nubes, la cerveza fresquita con los pies sobre la barandilla de la terraza, creo que ha sido este lunes con complejo de domingo. Un poco como tú, que siempre fuiste un martes con complejo de viernes. Siempre apareciendo y desapareciendo, intermitente, inconstante, ni contigo ni sin ti.


Como esta chaqueta vieja, que cuando me la pongo me asfixia y cuando me la quito me muero de frío. Cuando me giro me roza y parece que eres tú, pero ya no me da escalofríos, ni tampoco me abriga. Una parte de mi desearía tirarla ahora mismo a la basura, o donársela a alguien que le fuera a dar un uso mejor. Una parte de mi. La otra aún no quiere deshacerse de ella, de ti. Será por los recuerdos que me trae esta chaqueta. De emociones y aventura, altibajos y discusiones acaloradas. De esas que nos gustaban. Será. Pero creo que en realidad es la nostalgia lo que me gusta que me abrace. La nostalgia de tiempos pasadOs en que las responsabilidades no pesaban. No eras tú, era que antes solo me preocupabas tu, y ahora casi no tengo tiempo para pensar en mi misma.
Ya está bien. Me he levantado del sofá, he cogido la chaqueta y la he metido en el armario. De la nostalgia no se vive, y quien diga lo contrario miente.
https://youtu.be/LfQ-PpzSj2Y

La felicitación más larga de la historia

Este año me hiciste uno de los regalos más bonitos del mundo y me desarmaste. Yo, que siempre he sido la reina de los detalles de pronto me quedaba en blanco, con prisas y pocas ideas. A veces pienso que la oposición me quema la imaginación desbordante que tuve en su día.


Y así sigo, sin haber encontrado nada que lo iguale. Había pensado regalarte cosas que igual ya tienes pero que saben diferente viniendo de otra persona. Un café en el faro, un desayuno en días de sur, un pescado en el cazurro, un tartar en cañadio, un atardecer en isla, una copa en el Anua.

Había pensado regalarte planes locos, de rafting, de puenting, de noches de rock and roll y desenfreno en el tándem río-opium. Pero a veces se llega a una edad en la que apetece beberse la vida a pocos.

Otra idea fue regalarte historias, conocimiento, o un nuevo lugar en el mundo a golpe de mapas y guías de viaje, a golpe de billetes de avion baratos. Pero luego me puse egoísta y pensé que si ese iba a ser el regalo prefería guardar mis cartas hasta un momento posterior, en el que pudiera disfrutarlo contigo.

También pensé en devolverte una cena casera hasta que terminé decidiendo que de eso solo conseguiríamos que hiciera el ridiculo. Y tus risas, claro.


Al final he decidido guardarme mis regalos pretenciosos para otra ocasión, porque no me cabe duda de que la va a haber, y regalarte lo de siempre. Unas palabras, para no perder la tradición. Regalarte el oído, si no me matas por el juego de palabras.

Y aquí estamos, un año más. Celebrando tu inestimable facilidad para cumplir años a lo grande, y esa habilidad tan sutil que tienes de rodeate de personas importantes. Como yo, claro. Y esa nueva adquirida capacidad que has desarrollado de conseguir que mi actividad favorita en el mundo -los viajes- se torne un poco agridulce.

No es la primera vez que haces un cameo en estas líneas, no será la última. Pero ahora mismo -y durante un tiempo- creo que te has ganado un poco de protagonismo. Como el que ya tienes para todo lo demás.

Y por eso hemos llegado hasta aquí, alargando lo inevitable. Solo para decirte de nuevo: muchas felicidades y quenotefaltenvuelos.

De domingo por la tarde

Y para ti que no me pides consejo, te deseo que tu trabajo sea un guilty pleasure. Que encuentres eso que te apasiona y te hace sentirte mejor contigo mismo, eso que hace que se note el orgullo al final de tu garganta cuando cuentas a qué te dedicas.

Que lo que estás haciendo ahora, sea el camino a seguir para llegar más lejos. Que puedas ir tachando uno por uno los puntos de tu lista de objetivos. Que no se muera tu ambición. Porque sí, hemos venido a este mundo para ser felices. Pero hay algo en nosotros que nos empuja a darle un sentido a nuestro caminar, caminar en círculos termina mareando. Así que fijate una meta, sea la que sea, tanto personal como profesional. No tiene que ser una meta difícil, ni una meta vital; puede ser solo un escalón en el ascenso. Puede ser quitarte la espinita de aquello en lo que algo te dijo siempre que podías destacar.


La recompensa no es sencilla, a veces tarda en llegar y exige más esfuerzo de lo que pensábamos. A veces, esta sociedad en la que vivimos en la actualidad que nos ha acostumbrado al placer inmediato, a la respuesta inmediata, hace que nos olvidemos de cómo ser pacientes. Que eso no te eche atrás. Rodéate de gente que te ayude a sentarte y coger aire durante un rato, sumérgete en el mar y quédate allí hasta que las malas ideas desaparezcan, baila hasta que no puedas más. Abre una cerveza que te de la energía para continuar.

Pero si has encontrado eso que hace que quedarte un domingo por la tarde en casa encerrado no te importe tanto, o lo que a pesar de los altibajos te reporte una sensación de satisfacción al final de mes, no renuncies a ello. “Find what you love and let it kill you”. Porque al final, lo que de verdad importa es saber que podemos hacer aquello que nos propongamos, que podemos destacar. Y que podemos estar orgullosos de nuestros logros personales, dejando a nuestro paso un bagaje más extenso del que en un principio sospechamos.


Y si le has dado una oportunidad y sigues sintiendo que no estás donde te gustaría estar, cambia las cosas. Nunca es demasiado tarde para volver a empezar, desde el principio otra vez, con la paciencia por bandera.

 

Feliz lunes.