Con los pies fríos

Hace casi 365 días y como una premonición, pronosticamos para 2016 rarezas a borbotones. Y no nos equivocamos. Ha sido el año en el que he dejado de saber cuando camino hacia casa y cuando me alejo de ella. El año de los cambios en mayúsculas, del todo o nada, de la buena fe. El año en que nos gobernaron los fantasmas de la navidad pasada.

En cualquier caso, esta es la época del año en que todo eso se nos olvida. Dejamos atrás todos los puntos que la nostalgia de la última noche del año nos hará recuperar y nos centramos en meternos en el espíritu de la vuelta a casa; en algún sitio alguien debería instalar un reloj que marcara la cuenta atrás para Peñaherbosa.

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