Una mesa.

Todos tenemos un primer recuerdo, una polaroid en el fondo de la cabeza, con un deje de filtro en sepia por el paso del tiempo, seguramente porque ese recuerdo no es de un momento concreto si no de alguna foto que vimos en un momento dado. En el mío salgo comiendo. Salgo comiendo una barra de pan entera porque el perro de mis primos le había echado el ojo y yo tenía que ser más rápida.

Esa es mi vida. Hoy me he resbalado en la ducha y en todas las imágenes que me han venido a la mente en sucesión, en forma de peli, las últimas que iba a ver en mi vida, en todas estaba comiendo.

Si tuviera que elegir una metáfora de cómo han transcurrido estos primeros 28 años de mi vida, elegiría una mesa. Y para el epílogo seguramente también; no hagáis un funeral -diría- sentaos a comer. Cualquier excusa es buena.

La mesa como excusa, como catarsis, como solución, como causa y como consecuencia.

Dame una mesa, dame de comer, y cambiaré el mundo. Creo que mi totem es un gremling, para esto hemos quedado.

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