2018

2018 me ha enseñado que a veces se gana y a veces se aprende, pero que ganar es mejor. Que la vida cambia a una velocidad de vértigo, para bien o para mal. Que es tan importante saber despedirse como saber volver. Que tu casa siempre será tu casa y, a la vez, que tenemos la capacidad de convertir en hogar un millón de sitios diferentes. Que no hay nada más fundamental que saber rodearse de lo que te hace bien. Que a veces es mejor dar un paso atrás y esperar a ver cómo evolucionan las cosas. Que luchar por mantener a nuestro lado a la gente que vale puede tener su recompensa. Que a veces hay que nadar en contra de la corriente. Que tenemos una capacidad infinita de querer bien, sólo hay que trabajarla. Que no hay nada más importante que saber dar las gracias y pedir perdón y que no pasa nada por pedir ayuda. Que todo termina por ordenarse. Que hay que trabajar el conocerse bien. Que todos los aviones son dinero bien invertido, especialmente aquellos que traen consigo un reencuentro. Que hay algo poético en echar de menos. Que todo se reduce a en quién piensas cuando tienes algo importante que contar. Y, sobretodo, que tenemos que seguir emocionándonos, todo el tiempo, de todas las maneras. 2018 ha sido una revolución, pórtate bien 2019.