La noche

No dormir por nervios. Me encanta. El insomnio acompañado de ese nudo en el estómago que te hace revolverte en la cama, apretar los dientes y reírte a carcajadas al minuto siguiente. Como si te hubiera abandonado la cordura.

No dormir porque tienes la sensación de que, al cerrar los ojos, vas a caerte al precipicio. No dormir porque hay un pensamiento que martillea constantemente tu cabeza, aunque no seas consciente de cuál es o de viene. Cuando no es más que la incertidumbre la que te mantiene despierto. Es un tema controvertido, pero yo soy muy fan de esa sensación.

De la noche antes del seis de enero, de la noche que te haces un año más viejo, la noche antes de un examen, de hacer la llamada con la que aceptarás o rechazarás un trabajo, la noche antes de volver a verlo, la previa a una cita importante.
La noche en la que tú instinto te anuncia que tú vida está a punto de dar un giro, sea en el buen o el mal sentido.
Esa noche.

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