Miércoles con complejo de domingo

Quién te ha salvado del año pasado

Del tiempo que tarda en cerrarse el telón

Hemos ido agarrándonos fuerte a las curvas por las carreteras de cada canción 

Andando por un alambre como la línea de la vida de delgado, y nunca ha habido red

Faltan tan pocos días para el día D que ha pasado de ser el día D a ser simplemente el día, he perdido la cuenta de las horas que he pasado mirando por esa ventana.

Y por eso ha llegado el momento de hablar de ti. De ti que pasaste de llevar mal las relaciones a distancia a escribirme religiosamente cada jueves. De ti que me llamabas solo para ver si había comido bien. De ti que llevas meses sorprendiéndome, poco a poco y a cada rato. De ti que llegaste tímidamente y te has hecho un hueco en mi vida con apartamento propio y calefacción central.

Podemos hablar de ti, que me abroncas cuando me agobio y me recuerdas que no merece tanto la pena. O de ti que me has apartado un poco de tu vida aunque te haya costado solo por mi propio bien. De ti que pese a ser la persona más insistente del mundo has aprendido que, a veces conmigo, hay que saber cuando dejar de insistir.

Podemos hablar de ti, siempre presente para un vino. De ti, que me sacas a cenar. O de ti, que con una experiencia parecida a las espaldas me mandas miradas cómplices desde el otro lado de la barrera. Podemos hablar de ti que has cambiado tu carácter para adaptarte a los tiempos que venían.

No podemos dejar de hablar de ti, que has soportado en silencio broncas que no te tocaban, o de ti que has dejado hace tiempo de tenerme cosas en cuenta. Podemos hablar de ti que has sido un mensaje mensual inesperado, o de todos aquellos que han logrado sorprenderme. No vamos a hablar de ti y las decepciones, pero si de las conversaciones a media noche, al margen de una fiesta constante. De ti, que estás aquí desde el principio y que fuiste quien primero me dio luz verde para embarcarme en esta historia, con mis idas y venidas y mis subidas y bajadas, sabiendo la de cosas que nos íbamos a dejar por el camino. De ti que has mantenido al mundo a raya. De todos los que celebraron.

O podemos hablar de ti, que te has preparado este examen conmigo, que has sufrido cada curva de la montaña rusa en que me he convertido. Que me has acompañado por un camino que no te correspondía en absoluto pero que nos ha convertido en lo que somos ahora.


Sé a ciencia cierta que sin vosotros no hubiera llegado. O si, pero me hubiera vuelto loca y no hubiera sido ni la mitad de divertido.

A todos, gracias.

https://youtu.be/11j5bJyvBJA

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¿Todavía tienes frío?

Déjame que te hable de un sitio donde ya ha llegado el otoño, pero donde las montañas nunca dejan de ser verdes. Un sitio al que es mejor llegar en coche, a poder ser a última hora de la tarde, porque desde la autovía se pueden ir distinguiendo los 10 millones de tonos de azul que el sol le dibuja al mar.

Un sitio al que no hace justicia la pintura, ni la palabra, ni los partes meteorológicos, un sitio al que no hace justicia la fortuna.

¿Todavía tienes dudas?

Déjame que te cuente la historia del infinito silencio, el más sobrecogedor de todos, el que te acompaña en las noches de invierno. Déjame que te cuente de la inmensidad de sus fronteras y la bravura de sus ríos. De una naturaleza que no espera por nada ni por nadie, de eneros en la playa rodeados de nieve.

Acompáñame por los caminos serpenteantes, por las sendas oscuras, a conocer la guarida del oso pardo ahora que hiberna. Vamos a coger castañas y a merendar bocadillos de nocilla tostados en la cocina de leña.

¿Aún no lo sientes?

Es el cuadrante más húmedo del norte, el frío que más llega, el calor que menos abriga, el mejor sitio para tener chimenea. Es la excepción al cambio climático y los cien tonos de grises que esperan al atravesar el escudo. Es la niebla entre los valles, que te cuenta cosas a media voz.

Es la morriña gallega y la nostalgia profunda, no echar de menos nada. Son los multitudinarios desayunos y los pueblos vacíos. Huele a cocido de mi abuela, a las fresas recién cogidas en la huerta, a sopa de pescado. Huele a mar y a nécoras de aperitivo en una terraza de Isla. Huele a arroz con almejas y a canelones al horno.

¿Todavía no lo entiendes?

Déjame que te cuente a qué sabe estar en casa.