La felicitación más larga de la historia

Este año me hiciste uno de los regalos más bonitos del mundo y me desarmaste. Yo, que siempre he sido la reina de los detalles de pronto me quedaba en blanco, con prisas y pocas ideas. A veces pienso que la oposición me quema la imaginación desbordante que tuve en su día.


Y así sigo, sin haber encontrado nada que lo iguale. Había pensado regalarte cosas que igual ya tienes pero que saben diferente viniendo de otra persona. Un café en el faro, un desayuno en días de sur, un pescado en el cazurro, un tartar en cañadio, un atardecer en isla, una copa en el Anua.

Había pensado regalarte planes locos, de rafting, de puenting, de noches de rock and roll y desenfreno en el tándem río-opium. Pero a veces se llega a una edad en la que apetece beberse la vida a pocos.

Otra idea fue regalarte historias, conocimiento, o un nuevo lugar en el mundo a golpe de mapas y guías de viaje, a golpe de billetes de avion baratos. Pero luego me puse egoísta y pensé que si ese iba a ser el regalo prefería guardar mis cartas hasta un momento posterior, en el que pudiera disfrutarlo contigo.

También pensé en devolverte una cena casera hasta que terminé decidiendo que de eso solo conseguiríamos que hiciera el ridiculo. Y tus risas, claro.


Al final he decidido guardarme mis regalos pretenciosos para otra ocasión, porque no me cabe duda de que la va a haber, y regalarte lo de siempre. Unas palabras, para no perder la tradición. Regalarte el oído, si no me matas por el juego de palabras.

Y aquí estamos, un año más. Celebrando tu inestimable facilidad para cumplir años a lo grande, y esa habilidad tan sutil que tienes de rodeate de personas importantes. Como yo, claro. Y esa nueva adquirida capacidad que has desarrollado de conseguir que mi actividad favorita en el mundo -los viajes- se torne un poco agridulce.

No es la primera vez que haces un cameo en estas líneas, no será la última. Pero ahora mismo -y durante un tiempo- creo que te has ganado un poco de protagonismo. Como el que ya tienes para todo lo demás.

Y por eso hemos llegado hasta aquí, alargando lo inevitable. Solo para decirte de nuevo: muchas felicidades y quenotefaltenvuelos.

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