Desde ese día 

El día que me dieron la última nota de la carrera era martes, y lucia el sol en Hvar (Croacia), mi graduación del colegio fue un ventoso 27 de mayo y el día que celebre mi 18 cumpleaños era un miércoles 18 de febrero.

Con lo corta que es la vida, nos pasamos el tiempo fijando fechas, recuperando momentos pasados, festejando recuerdos y obligándonos a recordar días señalados.

Con lo larga que es la vida, sentimos la necesidad de ponerle nombre a cada instante, de fijar en fotografías todo lo que nos pasa, de enjaular experiencias y etiquetarlas en un calendario.

Todas aquellas fechas que han sido y son anualmente importantes en nuestra vida se repiten en nuestra cabeza constantemente; cumpleaños, aniversarios, Navidad, la fecha de la oposición, el 25 de julio Santiago.

Un año más, termina una semana grande que ha sido gloriosa en todas sus formas y que nos ha dejado unís maravillosos días de sol a la espalda y un fin de fiestas pasado por agua.


Tal vez sea cosa mia, pero creo que nunca había visto a tanta gente en Cañadio. Bienvenidos todos a Santander, esperamos veros pronto y en otras fechas.

Ahora vamos a recrearnos en la nostalgia hasta que llegue de nuevo la fecha, y a disfrutar del verano que nos queda como buenamente podamos -que será de vicio-.

Y a seguir celebrando los días, que para un talento que tenemos no vamos a desaprovecharlo.


Hasta el año que viene!
https://youtu.be/_gm5piKnrS4

La felicitación más larga de la historia

Este año me hiciste uno de los regalos más bonitos del mundo y me desarmaste. Yo, que siempre he sido la reina de los detalles de pronto me quedaba en blanco, con prisas y pocas ideas. A veces pienso que la oposición me quema la imaginación desbordante que tuve en su día.


Y así sigo, sin haber encontrado nada que lo iguale. Había pensado regalarte cosas que igual ya tienes pero que saben diferente viniendo de otra persona. Un café en el faro, un desayuno en días de sur, un pescado en el cazurro, un tartar en cañadio, un atardecer en isla, una copa en el Anua.

Había pensado regalarte planes locos, de rafting, de puenting, de noches de rock and roll y desenfreno en el tándem río-opium. Pero a veces se llega a una edad en la que apetece beberse la vida a pocos.

Otra idea fue regalarte historias, conocimiento, o un nuevo lugar en el mundo a golpe de mapas y guías de viaje, a golpe de billetes de avion baratos. Pero luego me puse egoísta y pensé que si ese iba a ser el regalo prefería guardar mis cartas hasta un momento posterior, en el que pudiera disfrutarlo contigo.

También pensé en devolverte una cena casera hasta que terminé decidiendo que de eso solo conseguiríamos que hiciera el ridiculo. Y tus risas, claro.


Al final he decidido guardarme mis regalos pretenciosos para otra ocasión, porque no me cabe duda de que la va a haber, y regalarte lo de siempre. Unas palabras, para no perder la tradición. Regalarte el oído, si no me matas por el juego de palabras.

Y aquí estamos, un año más. Celebrando tu inestimable facilidad para cumplir años a lo grande, y esa habilidad tan sutil que tienes de rodeate de personas importantes. Como yo, claro. Y esa nueva adquirida capacidad que has desarrollado de conseguir que mi actividad favorita en el mundo -los viajes- se torne un poco agridulce.

No es la primera vez que haces un cameo en estas líneas, no será la última. Pero ahora mismo -y durante un tiempo- creo que te has ganado un poco de protagonismo. Como el que ya tienes para todo lo demás.

Y por eso hemos llegado hasta aquí, alargando lo inevitable. Solo para decirte de nuevo: muchas felicidades y quenotefaltenvuelos.