Save tonight 

Cuando se es joven a veces se cae en el error de pensar que la vida es infinita. Que tenemos aún tiempo para hacerlo todo, que podemos permitirnos el lujo de dejarnos arrastrar por la desgana.

Últimamente tengo la sensación de que estamos dejandonos llevar por el deber y olvidándonos del querer. Como opositora tengo muy claro cuáles son mis prioridades y cómo debo organizar un día a día que gira alrededor del estudio, pero eso no quiere decir que no esté aprovechando mi tiempo.
Estamos en edad de disfrutar de todas las cosas que nos van sucediendo, de las incertidumbres y los miedos, de los trabajos que esperamos solo sean un alto en el camino, de las inversiones a futuro que esperamos tengan una recompensa tangible.


Aún nos sobran ganas, aún podemos reirnos de nosotros mismos y hacer el ridiculo. Aun podemos vivir sin importarnos lo que los demás piensen. Está permitida una parada en boxes de vez en cuando, por supuesto, pero es importante volver a arrancar cuando empecemos a encontrarnos demasiado cómodos.
La evolución nos ha puesto las cosas en bandeja, todo es incluso demasiado fácil a nuestro alrededor, pero eso no debiera impedirnos valorar lo que tenemos. La veintena es momento de asentamiento, pero de asentamiento dinámico. Momento de mirar alrededor y decidir quién vale la pena, de valorar la lealtad por encima de todas las cosas y disfrutar de los silencios cómplices.
Ya tendremos edad de dejarnos caer en el mundo haciendo repaso de lo que nos hemos reído. Porque nos estamos riendo. A carcajadas. Disfrutar con tranquilidad y asumiendo las consecuencias pero no dejando nunca de sentirnos vivos. Que es ahora y siempre cuando debiera apetecernos ser felices, y contar a nuestro alrededor con gente que disfrute viéndonos serlo.


Y ahora que se empieza acercar el verano, tomar las copas más frías y más despacio, disfrutar del sol en la nuca, meter los pies en la orilla de la segunda, cruzar en lancha un domingo a pasear el puntal. Bailar, todo el tiempo. Para celebrar, para olvidar y para reírse. Y no arrepentirse, que basta los mayores errores pueden ser una forma de crecer.
Ya tendremos tiempo de dejarnos llevar por la marea.

https://youtu.be/zHxnm1-gVS4

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