Con-fianza.

Me gusta ser de confianza, y tener confianza en los demás. La confianza que sabes que te has ganado. No me gusta la gente que se toma demasiadas confianzas cuando aún no las merecen.

Me gusta ser leal, y tener tu lealtad. Que sepas que tienes mi respeto y saber que me vas a respetar siempre. Que tengamos la solidez necesaria para que me digas qué hacemos bien y qué mal.

Saltar a una amistad sin red, admirar con los ojos cerrados, luchar contra la marea.

La confianza es una de las cosas más difíciles de conseguir y más fáciles de perder, y más duras de recuperar. La confianza en los demás, la confianza en uno mismo. La confianza que los demás te hacen tener en ti mismo. La confianza en que mañana va a seguir saliendo el sol, en este o aquel partido político, en una empresa para la que trabajas, en la persona con quien convives.


Confiar en que nunca te va a faltar de nada, confiar en que el mundo se va a arreglar solo, confiar en la inteligencia ajena. Contar con la prudencia de los demás y actuar en consecuencia, olvidarnos de pensar antes de tomar decisiones. Enfadarse sin razón con aquellos en quien más confías porque tienes la seguridad de que van a encontrar el modo de perdonarte.

Confiar en la bondad de la gente, en la inagotable infinidad de los recursos naturales, en el poder de la mente. Tener la seguridad de que a los demás les importa tu destino, dar por supuesto que la gente que quieres no se va a marchar.

Confiar en tus aptitudes y capacidades, en tus decisiones y tus elecciones, en que tu manera de hacer las cosas es la más correcta. Confiar en que los demás van a ver de ti lo que crees que proyectas.

Confiar en que la lealtad se devuelve con más lealtad. Confiar en nuestra propia capacidad de autocrítica, y en el fin de las críticas ajenas. Seguridad en tus relaciones.


He de reconocer que a medida que evoluciona el mundo es más difícil ganarse mi confianza, y creo que eso puede ser algo negativo.

El individualismo nos ha absorbido y parece que a veces solo queremos de los demás lo que podemos necesitar de ellos. Tal vez es que la propia sociedad comienza a desconfiar de sí misma. Estamos requiriendo demasiadas garantías para fiarnos de los otros.

Puede que sea el insistente sur que sobrevuela Santander  desde hace ya demasiados días, pero tengo la impresión de que estamos todos  volviéndonos locos y que el instinto de supervivencia es el que está marcando nuestro camino.

Es quizá por eso que las campañas de Navidad cada vez buscan más drásticamente apelar a nuestro sentido de la solidaridad. Tal vez necesitamos que nos recuerden que no estamos solos y hay gente que necesita poder confiar en nosotros. Aunque aún confió en que no sea algo que haga falta que nos recuerden.

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