Navidad

Reconozco que me gusta la navidad. Rectifico. Reconozco que me encanta la Navidad. Ya he puesto el árbol y el nacimiento. Tradiciones paganas y religiosas, sin discriminar. De fondo, los peces en el río y all I want for Christmas is you. Y para mí son tan sagradas en navidad las tradiciones milenarias como ver Love Actually una tarde de frío. Lo bueno de las tradiciones es que podemos crear la que más nos gusten.

  
Y cuando hablo de Navidad, hablo de Navidad. Con mayúsculas. No es el solsticio de invierno lo que celebro. Fundamentalmente porque el solsticio de invierno no me transmite demasiado, mientras que tengo la firme convicción de que los valores que nos acerca la Navidad -más allá de las cuestiones religiosas- son los que deberían presidir nuestra manera de actuar, nuestra moral.

Me gusta tanto la navidad que puedo pasar por alto el ritmo de paseo en las calles concurridas cuando tengo prisa y las colas que se forman en la plaza porticada alrededor de la pista de hielo. Porque huele a castañas, el frío me roza la cara y el día de reyes meriendo chocolate con churros antes de bajar a la cabalgata.

Porque todo el mundo vuelve a casa por Navidad, más o menos tiempo, porque en Peñaherbosa te encuentras hasta aquellos que no quieres ver -y como es navidad hasta te apetece verlos-. Hay algo en el ambiente, y no me digas que no lo has notado.

Es esa sensación de estar en casa, las nostalgia de los días pasados, la alegría sincera de los reencuentros, las escenas de aeropuerto. Los gorros de lana, los guantes, las bufandas tejidas a mano. Los cafés calientes que se alargan horas, y las comidas regadas con champagne.

Es tiempo de celebrar la vida. La que llega y la que está. Poner en pausa todo lo que te lleva rondando la cabeza los últimos meses porque en Navidad no importa. Y dejar que la oscuridad de ilumine a base de luces navideñas.

Es momento de estar en familia, con la nuestra y con la que hemos elegido. Y recordar que las navidades no son eternas, y que en un momento no muy lejano comenzarán a cambiar y los comensales dejarán de ser los mismos. Disfrutar de aquello que puede irse con el paso del tiempo.

Bienvenidos a casa, y FELIZ NAVIDAD.

  

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