Lo que me gusta de ti

Hace un tiempo, surgió entre mis amigas la idea de crear un blog sobre restaurantes. Si hay algo que tenemos en común en nuestro grupo es que disfrutamos comiendo. Por mi parte, no soy muy exigente a la hora de valorar los sitios. Siempre que la comida sea buena, soy capaz de pasar por alto otros aspectos si los estándares de limpieza y cuidado están presentes – no me importa que la comida llegue un poco más tarde, que en el local haga un poco más de frío o de calor, o que haya más o menos ruido-. Pocas veces me oirás decir “no vuelvo”, fundamentalmente porque para alguien que come por deporte y no por necesidad morder la mano que me da de comer me parecería un poco hipócrita. He discutido largo y tendido con alguna de mis amigas sobre esta visión -que es solo y únicamente mía- pero creo que cada restaurante puede tener algo positivo. Solo hay que saber qué pedir.

Está claro que para gustos se crearon los colores, y que lo que para mi puede ser la quinta esencia de la maravilla para otro puede que no sea siquiera una opción, y que esto no es un blog gastronómico; pero dado que algunas de las preguntas que más se me suelen hacer son ¿dónde comemos? ¿a qué restaurante llevo a mis amigos? he decidido hacer un mini recorrido por algunos de mis restaurantes favoritos de Santander.

Nuestro recorrido comienza en el Faro. El Faro es para ir sin prisas, sin mucho hambre, alimentarse de las vistas. Pedir rabas y cañas hasta el infinito y echar la tarde allí con dos cafés. Puedes empezar tomando el aperitivo en el Faro y luego bajar andando a comer al Hipódromo o al Barco. El Hipódromo es un gran sitio también para tomar el aperitivo en la terraza los días que da el sol, y las rabas son siempre un acierto. En la carta del restaurante puedes encontrar muchas cosas apetecibles, especialmente el lechazo, y las hamburguesas de la cafetería son una buena alternativa a la básica comida rápida. Pero para hamburguesas, las del Barco. A un precio muy razonable, y con un pan que destaca – para mí una de las cosas más importantes en una hamburguesa es el pan – puedes acompañarlas de patatas fritas caseras.

Si seguimos bajando, nos encontramos con la cafetería “Corona“. Lo mejor de esta cafetería es que preparan unos sandwiches para llevar que a mediodía en la playa saben a gloria. Si te has dejado la comida en casa no dudes en acercarte a por un bocadillo, no te arrepentirás. El restaurante del Hotel Chiqui cuenta con un menú variado con algunas opciones innovadoras, pero sin duda yo soy del clásico arroz con almejas, o arroz con bogavante. Los arroces del Chiqui siempre están buenos, y se pueden pedir para llevar y comer en casa, encargándolos con tiempo claro.

En la zona del Sardinero, el Tatami es un buen sitio para cenar si te gusta el sushi, pudiendo encontrarlo también en el resturante Sakura o en el Piedras Blancas. El Balneario de la Concha tiene un carta con tablas de carne y pescado que te acercan a la mesa recien hechas y que son un buen plato para poner al centro y compartir entre amigos, regado por sangría y rematado por el coulan de chocolate de postre. El Deluz merece la pena por su comida, pero sobretodo por su jardín que le hace ganar enteros. Y los huevos con foie de Casa Revert no me cansan nunca.

El Baruco tiene un brunch por 18 euros al que aún no he tenido ocasión de ir pero que con las fotos que cuelgan los domingos en su página consiguen que se me haga la boca agua. El restaurante El cocinero, uno de los sitios más agradables para comer en Santander los días de sol, ha tenido que variar su carta recientemente pero la ensalada de queso de cabra de siempre sigue ahí, y la tarta tatin de manzana es exquisita.

La Posada del Mar es un restaurante con terraza encima del embarcadero, con un interior y un servicio muy cuidados, donde prima la cocina de producto. Las verduras en tempura, fuera de toda la carta de pescado y marisco, es uno de mis platos preferidos para pedir. Y conozco a alguien que siempre que va pide el combo sopa de pescado y Filete Posada -que es una versión mejorada del cachopo-, que nunca defrauda.


De Marucho ya he hablado largo y tendido, el restaurante al que llevar a los visitantes por excelencia, y el sitio de las celebraciones; comer puding de cabracho, rabas y cualquier pescado y marisco. Es un restaurante auténtico. La pega que le puedo poner es que es pequeño y no reservan, así que mejor cenar pronto. Casi cualquier restaurante en Tetúan merece la pena, en realidad; el marisco de la Mulata, el lechazo y las croquetas -finas y suaves- del Asador de Aranda, o lo nuevo de la Magnolia -que aunque aún no he tenido tiempo de ir a cenar, el anterior que tenían en Suesa era uno de nuestros sitios favoritos para escaparnos los fines de semana, y comer secreto ibérico-.

En la zona de Puerto Chico es donde se concentran más restaurantes. De la Bombi, además de su carta, me ha conquistado muchas veces el tomate con aceite y sal -nada más que eso- de entrante. Pocas cosas hay que disfrute más que un buen tomate; de hecho, mi dieta base se compondría de tomate, queso, pan, aceite y jamón, muy mediterráneo. La Tolva es un sitio pequeñito pero del que no te puedes ir sin probar la hamburguesa de rabo de toro, y el Casimira es un lugar ideal para cenar de raciones.

Ya en el centro, del Umma me gusta casi todo, menos que la carta de postres para mi no es lo suficientemente extensa. El tartar de tomate, aguacate y foi, el carpaccio de lengua o las croquetas -que son maravillosas- destacan sobre lo demás. Muchas veces merece la pena acercarse sólo a tomar un vino y pedir croquetas de picar. Además de vez en cuando la carta varía, lo que multiplica las ganas de volver, y puedes acompañar la comida con cervezas de Cantabria. En la Malinche, además de los batidos de fresa de por las tardes, y cenar de pinchos, me gustan los fingers de pollo con mahonesa de albahaca o el surtido de hummus de garbanzos, berenjena o pimientos -además de la decoración, claro-. Al Gele suelo ir a comer patatas con langostinos y a las Hijas de Florencio a cenar pinchos de pie en la barra.

Al restaurante Cañadio no le puedo poner pegas, más que la selección es tan exquisita que muchas veces no sé qué cenar. De los entrantes me quedo con las almejas, de segundo hamburguesas de atún rojo -que presentan en forma de tartar- y de postre, sin ningún tipo de duda, con la tarta de queso. La elección de la tarta de queso siempre levanta polémica, cada uno disfruta de un tipo de tarta carácteristico (fría, caliente, al horno, con mermelada), para mí la mejor es la del Restaurante Cañadio, es suave y cremosa, un trozo del cielo en la tierra háganme caso. Y ya que estamos, si tienen ocasión de acudir a La Maruca, su delegación en Madrid, no dejen de probar la tarta de limón.


Si cogemos el arco del banco Santander y subimos hacia el Río de la Pila, nos encontramos también con numerosos restaurantes que merecen la pena. En el Catavinos se come tortilla suelta, con la patata un poco frita de más, y pincho de solomillo con foie. Del Santa and Co destaco su variedades de Café para llevar y sus desayunos y meriendas, pero cenar una buena pizza casera también es una opción.


Una de las mejores calles para comer en Santander son la calle del Medio y la Arrabal. Ahí podrás encontrar buenos sitios de pinchos y algo más -como la Cátedra o el Grand Gru-, y la Arrabal 11 del que ya he hablado en otras ocasiones porque es uno de mis sitios favoritos. El Masamadre, que hace esquina y tiene mesas en la calle, tiene buenas opciones de picoteo y pizzas muy jugosas. Y para pizzas caseras la Tasca de Peñaherbosa.

Más arriba, encontramos el Riojano. Es un sitio en el que se puede cenar en un abanico de precios bastante extenso, que ofrece la posibilidad de comedor privado para cenas grandes y donde el pulpo es una pasada. Del Nobrac ya he dicho que me quedo con sus patatas fritas y sus tartas, además de sus hamburguesas. Es un sitio pequeñito y para comer algo rápido, así que si vas con calma mejor elige el último turno.

   
 Del Cadelo me gustan sus gambas, pero cualquier cosa que te recomiende Edu será una buena opción.

Frente al Ferry, descubrimos otra serie de restaurantes con gran atractivo para los turistas y el público local. Cualquiera de ellos será un acierto, desde los canelones de pato del Bar Cos, hasta el arroz con nécoras de la Taberna Machichaco, pasando por cualquiera de los platos del recién estrenado Italiano.

Y por último, y para terminar de momento, de la zona de San Fernando me quedo con el Marcello, que es un italiano bastante recomendable (aunque hablando de italianos de la zona tengo verdaderas ganas de probar la pizzeria de la calle Florida), la Taberna del Herrero, muy buen sitio para picar algo y rematar con unos huevos fritos. Y-por supuesto- la Vinoteca; cualquier cosa que pidas estará buena, desde la lubina a la sal, o la lasaña de bogavante, hasta el tartar que te preparan en el momento y a tu gusto. Sin duda uno de mis sitios favoritos en Santander.

Las opciones son infinitas y presiento que me voy a dejar muchos en el tintero, pero esto es solo una muestra para la próxima vez que te preguntes ¿dónde cenamos hoy? Son todo elecciones personales perfectamente discutibles, y como alguien que no tiene ninguna idea de crítica gastronómica he de decir que mis estándares se basan únicamente en lo bien que me he sentido comiendo en estos lugares.

La comida es uno de los grandes placeres de la vida para alguien como yo, algo en lo que nunca dudaré antes de invertir en ello porque siempre me reporta una satisfacción. Santander, y también Cantabria, tiene sitios en cada esquina donde merece la pena comer, no dejes pasar de largo ninguno de ellos.

Un comentario en “Lo que me gusta de ti

  1. Estoy muy de acuerdo contigo en muchas cosas, mi querida amiga, pero es mi deber prevenir a la gente que lee el blog acerca del nobrak. No vayais. La ultima y unica vez que fui casi morimos a causa del calor( asi como de un mal servicio y de unas hamburguesas mediocres). Tan mal iba la cosa que todas las mesas lo comentabamos. El resto perfecto, no hay quejas bloggera.

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