Planes

Siempre he oído decir que “la vida es eso que pasa mientras estás haciendo planes”. No podría estar menos de acuerdo. Es cierto, completamente, que de vez en cuanto la espontaneidad debe dirigir nuestro camino, dejarse llevar y dejar que la aventura entre en nuestras vidas. Completamente cierto. Pero desde mi punto de vista, pocas cosas hay mejores que hacer planes en buena compañía.
Organizar un viaje, con los nervios de elegir el destino, esos primeros momentos en los que el presupuesto no importa y solo te dirige la imaginación. Decidir cuánto tiempo vas a pasar en una isla desierta sin tener en cuenta que puede que tengas obligaciones en la casilla de salida, preparar un viaje para cien personas aunque sea altamente improbable que coincidas en el espacio tiempo con apenas diez de ellas.
Organizar una fiesta, una fiesta sorpresa, pensar en la cara que va a poner la persona a la que va dirigida, acordar un millón de maquinaciones para hacer que no sospeche nada. Buscar una fecha para una reunión de antiguos alumnos, darte cuenta de lo mucho que echas de menos los ratos muertos en el colegio, encontrarte con alguien que hacia siglos que no veías y decidir que sí que esta es la buena, que de esta os reunís todos, sin tener en cuenta si quiera si una vez alrededor de la misma mesa seguiréis teniendo cosas que contaros.

Organizar una multitudinaria fiesta por vuestro 25 cumpleaños y pasar un año entero dando vueltas a los detalles mas nimios.

La vida, efectivamente, es eso que pasa mientras estás haciendo planes, pero no en el sentido en que quieren hacérnoslo ver, no como una manera de estar perdiendo el tiempo.

La vida es ese tiempo que pasas haciendo planes, que empleas en juntarte con tus amigos y organizar las cosas más disparatadas, las que nunca salen, mientras sientes como te involucras en el plan, comienzas a emocionarte y a ponerte nervioso y acabas exaltado, rojo como un tomate y viendo factible una escapada a Tailandia de fin de semana.

Esas tardes sazonadas con palomitas de microondas en las que terminas riéndote a carcajadas y que siempre serán recordadas como “el día que decidimos que íbamos a dar la vuelta al mundo en globo y no nos dio vergüenza creer que de verdad era algo que iba a terminar pasando”.

Planes como hacer el descenso del sella el día del verano que termina lloviendo, ir a comer a Asturias o subir a Bulnes. Decidir que te apetece coger el teleférico y bajar andando por los picos de Europa el día que más calor hace de todo el año, o decir día tras día que quieres coger el coche e ir a una playa desierta. Pensar que nadie más va a tener la misma idea que tú y vas a tener sitio para aparcar en el faro, o pasar el día en el puntal aunque anuncien turbon.

Idear una tarde de paddel surf por el río cubas, o una mañana de submarinismo en noja. Creer de verdad que el sábado todo el mundo se va a levantar con ganas de comer en san Vicente. O decidir que el verano 2015 es el verano de recorrer todas las romerías de cantabria. Pensar que te apetece volver a cabarceno.


La mayor parte de las veces esos planes no saldrán, pero eso es parte de su encanto. Hagan planes, es un consejo, es una de las mejores cosas que se pueden hacer gratis.

Un comentario en “Planes

  1. Pingback: No hagas planes. | Quenomefaltenvuelos

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