El verano que vi todas las series del mundo

Hay veces que vivir en Santander te provoca ganas de mudarte. Cuando pasa una temporada en la que subes la persiana y otra vez está lloviendo, cuando cae eso que aquí llamamos calabobos y que es peor que el diluvio universal, cuando los días grises se suceden uno tras otro y las tormentas de verano parecen más días invernales, cuando te asomas a la ventana y la bahía parece un escenario nórdico, cuando la niebla densa cubre las calles santanderinas y las vuelve londinenses. La lluvia en Sevilla será una maravilla, pero en Cantabria es tediosa y lánguida. El norte es el norte y es algo conocido y que no sorprende, pero aún así tantos días de oscuridad te hacen comprender a veces por qué la tasa de suicidio en el norte de Europa es tan elevada. Hasta el más alegre se vuelve pesimista. El sofá te atrapa y te cuesta salir de la cama por las mañanas, te vuelves menos productivo en el trabajo y hasta tener una conversación con alguien te produce pereza, utilizas las escaleras para evitar las charlas de ascensor.

El verano que vi todas las series del mundo tuvo algo de todo esto. Tenías que estar preparado las veinticuatro horas del día para bajar corriendo a la playa ante el mas leve rayo de sol. Si parpadeabas te lo habías perdido y otra tarde que pasabas en casa. Los días en el Cormorán se sucedían hasta que los temas de conversación poco a poco se diluían en el aburrimiento y la gente con la que quedabas comenzaba a caerte mal. No quedaban películas por ver ni casas en las que pasar el rato, algunas amistades no sobrevivieron a aquel verano.


Si pudiera revivir esos tres meses de mi vida, cambiaría mi actitud. Siempre he dicho que Cantabria es bonita hasta lloviendo… puede que haya exagerado un poco. Pero eso no puede ser justificación para pasar los mejores días del año en casa. ¿Que llueve? Las casetas de semana grande tienen un tejadillo relativamente amplio, calzate las playeras y disfruta de los pinchos. ¿Que no hace de playa? a lo mejor puedes darte un baño en la piscina mientras sientes como las gotas de lluvia caen sobre tu pelo bañado en cloro. Acércate a Isla y sube el Cincho. El Cincho es un monte que se encuentra en Arnuero y que tiene una subida muy agradable aunque no luzca el sol; la mayor parte del camino se hace entre árboles frondosos y en los alrededores puedes alquilar quads que hacen rutas por la zona. Busca un buen grupo de amigos y organiza una partida de paintball.

Las cuevas de Cantabria, cualquiera de ellas, son una buena opción para visitar cuando las nubes abundan. Las más conocidas son las cuevas de Altamira y El Soplao, pero personalmente me inclino por la visita a las Cuevas del Castillo y las Monedas, en Puente Viesgo. Más pequeñas, son perfectas para visitar cuando el tiempo sea peor, comiendo algo en la cafetería del Balneario y merendando chocolate con churros en Liébana para rematar el día.


Si no llueve, o si llueve y no te importa, Comillas también es un acierto. La herencia de Gaudí en Cantabria destaca por todas partes, con la opción de conocer el interior del Capricho por el módico precio de cinco euros. Si has llegado al norte es algo que no puedes dejar de lado, el color de su fachada levanta el ánimo por muy gris que esté siendo el día; y el helado de regma mientras paseas por el pueblo no te puedes ni imaginar. O hacer un circuito de spa en los balnearios de Limpias o Solares; solo por visitar el jardín del parador de limpias y tomar algo en su cafetería merece la pena el trayecto.

Un día de lluvia no puede ser excusa para la vagancia. La misma Santander tiene opciones que puede que aún no hayas descubierto. Ver una película recientemente estrenada en la filmoteca en versión original, conocer el Museo Marítimo o el de Prehistoria, pasear del faro a mataleñas aunque el día esté nublado, o cenar en el cazurro mientras fuera sigue lloviendo, como ya os he recomendado más de una vez.


Como dice quenomefaltenvuelos, no hagas planes, sólo sal de casa, levanta del sofá, que luzca el sol o caiga el agua el día que está pasando no va a volver a tu puerta, y para que Cantabria tenga este color verde que tanto se idolatra la lluvia es necesaria. Las cosas buenas a veces ocurren el día que menos las esperas.

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