A veces 

A veces, lluvia de verano. Y lluvia en invierno y en primavera y otoño. A veces viento sur y cañas en el faro. Y a veces tardes en la hora bruja, con tapas en forma de aceitunas, patatas, conguitos y maicitos.

A veces me encuentro contigo y te invito a un café en el machi, pero tu me miras como me solías mirar y me dices que tienes que irte a trabajar. Y otras veces me llamas un martes en hora punta y me invitas a pasear la ola del CEAR.

A veces sopla nordeste y salimos a navegar la bahía. Me recoges en el espigón y me tumbo en proa hasta que se pone el sol.

A veces se me viene encima el día y me ahogo en un vaso de agua, y antes de cenar a eso de las diez me sumerjo en una piscina vacía y recupero poco a poco mi libertad. Quién diría que soy un signo de aire si cuando mejor me siento es en un tanque de agua.

A veces pulpo a la gallega en el riojano, puding de centollo en el Gele y a veces copa fría en los sillones de la barraca.

A veces de me siento contigo en las gradas del mundial de vela, después de kilómetros de paseo, y vemos pasar a las gaviotas.

  
  A veces cena en la terraza en un noveno piso, viendo el mar. Y hace más frío de lo que pensaba y se me pone la piel de gallina pero no me importa porque los escalofríos a veces tienen su encanto. 

  

A veces vamos a comer a la magnolia, y después de pasar por somo nos tomamos unos zumos en la Bicicleta, y se nos hace de noche tomando cañas y aterrizamos en pombo vestidos de playa.

A veces sales de casa y te enamoras de Santander. Los días que te sorprende con un sol de justicia, que destaca sobre el cielo azul y la ausencia de nubes, y un viento sur que da un volantazo a nuestro clima y lo vuelve seco. Y paseas por las calles y están llenas de gente y de tiendas nuevas que alientan el resurgimiento del pequeño comercio. Y te reconcilias. Se te olvidan los días que ha estado lloviendo. Te tumbas en mataleñas y dejas que los problemas te pasen por encima. Porque pocas cosas te hacen sentir tan vivo como una siesta con el vaivén de las olas de fondo.

A veces Santander tiene muchas cosas malas, y a veces me apetece escribir sobre ellas. De hecho pensaba escribir sobre ellas, por eso de la objetividad y que no podáis acusarme de que el amor me ciega. Pero luce el sol de nuevo y ayer me encontré contigo. Y ya no me acuerdo de qué iba a contar.

  
  

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