Lo que hemos hecho

Me dijiste hola un día en la Segunda, cuando el viento nos obligaba a pegarnos al muro de arriba y bañarse exigía un paseo de un par de kilometros. Yo, que todo el mundo sabe que no sé cómo hablar quieta, he compartido teléfono contigo desde el Chiqui hasta el botas y vuelta otra vez. Te he visto salir de tu escondite una y mil veces, y cruzar el puente del diablo temiendo por nuestra vida. Nos lo hemos pasado bien.

Desayunamos a horas intempestivas en el entretapas cuando en la calle solo estaba el sol, antes de partir hacia lo desconocido. Paseamos por el Palacio de la Magdalena buscando lugares donde hacer fotos que envidiara el mundo entero y saltamos  al campo un día de exaltación del racinguismo. Nos quedamos encerrados en mataleñas y me contaste historias en forma de café en el rhin. Te he recibido mil veces, y despedido por tierra, mar y aire. Y has cogido el coche un día de lluvia para llevarme a cenar hamburgesa entre calles vacías. Hemos ido de compras sin comprar nada y hemos corrido el riesgo de caer a la Bahía solo por amor al arte. Nos lo hemos pasado bien.

Te recogí en casa y sonaba crystal fighters y dimos vueltas en el tontodromo de mesones hablando de lo humano y lo divino. Y compartimos hipotermia después de decidir que la playa de enero era el mejor sitio para solucionar los flecos de nuestras vidas. Nos jugamos la vida rodeando mataleñas y volviendo a por el coche de madrugada al museo marítimo. Y caminamos kilometros desde el bns hasta casa porque no nos sentíamos con ánimo de pelear por un taxi. Nos lo hemos pasado bien.

Hemos organizado reuniones improvisadas en regma y pateado las calles una y otra vez en busca de regalos colectivos. Nos hemos desgastado los tacones bailando hasta desfallecer en los sitios más insospechados. Hemos cenado en todos los restaurantes nuevos que fueron apareciendo y hemos repetido mucho. Y hemos colonizado el soho -bendito y maldito soho, si sus paredes hablaran…-, el pasarela, el molly o la bisagra. Hemos plantado bandera en cañadio y en el río, que algunos azulejos tienen hasta nuestra huella. Y hemos hecho nuestros todos los atardeceres de molinucos. Nos lo hemos pasado bien.

Contigo he tenido mas accidentes en bici de los que alguien debiera tener en toda su vida, y me he reído hasta doler. Contigo he bajado San Martín suplicando que alguien me amputara los pies y se me ha olvidado todo cuando he puesto un pie en el centro. Nos lo hemos pasado bien. Pase lo que pase, nos lo hemos pasado bien.

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