Turnedo en la cabeza

Te alcanza cuando menos te lo esperas, como una revelación. Parece que no está sucediendo nada fuera de lo común pero la primera nota resuena en tu cabeza y sabes que es un momento para no olvidar.
Sonaba en la última fiesta de gala, cuando como hinchas de algo que se acababa nos encerramos en el comedor cantando “del barco de chanquete no nos moverán” y la lloramos en la graduación, como crónica de una muerte anunciada.

La cantamos a pleno pulmón una turbia noche mano a mano en que “llegadas a este punto” nos fuimos al bns como quien es feliz por obligación. Sonaba el último cumpleaños en la bodega, después de mucho sin reunirnos, y desafinamos como siempre, como si el tiempo no hubiera pasado.

Sonaba en mi cabeza en un tren a Verona , aunque cantabamos por estopa, en un vagón que se nos antojo vacío y que parecía que no iba a llegar nunca a ningún destino.
La cantamos bajito en un bote en Croacia, con el anochecer de fondo, cuando ya era tarde pero aun no hacia frío, después de uno de los mejores días del verano, cuando fuimos conscientes de la grandiosidad de nuestra corta vida alargando los minutos a una devolución a la que ya llegábamos tarde.
Sonó en todas las noches del algarbe, superándose en cada una de ellas, cada vez más alto.
Sonó aquel verano a modo de despedida a las cinco en un BNs casi vacio, y aunque después de eso nos vimos, nos dijimos adiós como manda la canción.
La cantamos muchas veces cruzando la bahía, volviendo del puntal, mientras Santander nos enamoraba de vuelta. Ha sonado miles de veces en el coche camino de todas partes, y se ha hecho el silencio para escuchar. Y la cante contigo una noche madrileña, de camino a alguna discoteca, en una calle desierta.


La hemos cantado bajito en medio de alguna siesta después de grandes noches y noches grandes, en despedidas y cenas, y para desearte un cumpleaños feliz. Y suena ahora en un avión a París.
Suena en el BNS, donde “desde aquí desde mi casa veo la playa vacía” cobra mas sentido que en ningún otro lugar, y en las copas, y si no la ponemos nosotros. Y te abrazas al de al lado o a ti mismo si me apuras, cantando como si te fuera en ello la vida, con el último arranque que le queda a tus cuerdas vocales después de una noche de fiesta. Y tu amigo te agarra de un brazo y te mete prisa por llegar al taxi pero tu le coges y le cantas a grito pelado en la oreja y se le pasa y se queda. Y que sea lo que dios quiera.

Nos identifica en España y en el extranjero, somos la generación turnedo. Y suena en nuestra cabeza de pronto, para avisarnos de que en ese momento estamos siendo felices, que lo retengamos, por si vienen tiempos peores y se olvida.

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