Santander es para el verano.

Las visitas de fin de semana a Santander en verano siempre son una buena idea. Llegar el viernes por la tarde, cuando aún hace calor, y dejar el coche abandonado en el Palacio de Festivales hasta el domingo. Desde el Palacio de Festivales, siguiendo la línea de costa enfilamos el Paseo Pereda con un objetivo claro: tomar un helado en regma. La competencia entre heladerías en Santander es legendaria, pero a pesar de la variedad de helados de Monerris, Regma es leyenda y símbolo turístico por excelencia. Y nadie puede discutir que son los helados más grandes del mundo. Eso sí, hay que ser muy diestro para comerlos a tiempo sin terminar rebozado.

Playa de la Magdalena. Santander. Cantabria

Tras el helado, se recomienda un largo paseo para hacer sitio para la cena. Si hace bueno en Santander cenar de pinchos es mandatorio. Por propia experiencia la ruta ejemplar empieza en Casa Lita, apurando una cerveza en la terraza al caer la tarde y dejandose encantar por las largas barras llenas de pinchos. Después ir en busca de la tortilla de patata perfecta, que algunos la encuentran en el Quebec por la variedad – especialmente recomendable la tortilla de gulas y gambas – y otros en el catavinos por su textura jugosa y sus patatas un poco fritas de más. Al llegar al a11 lo mejor es esperar un poco antes de pedir, empezar tranquilamente con un vino o una caña, y dejar que nos ofrezcan de tapa su magnífico queso. Después las roscas de jamón y los solomillos troceados para cerrar el círculo.

Y ay las copas. En Santander las copas se sirven bien y a buen precio. Hay muchos bares en los que tomar copas en verano, pero no os fieis de quien os diga que va a algún sitio que no esté en la plaza de cañadio. En verano es reina indiscutible, todos los caminos llevan a Cañadio, y toda la gente que creías haber perdido va a parar allí.

La opción de hacer botellón siempre -que la policía lo permita- está ahí, claro, pero las copas en el ventilador saben a juventud y a verano, y pedirlas en la barra es una forma de matar el tiempo mientras esperas para ir al baño. La noche se apura en cañadio hasta las 4 (pena de falta de música), pero si te apetece cambiar de ambiente (por qué?), siempre puedes dejarte caer por el opium o el malaspina antes de tiempo.

Si los astros están de tu lado (y ojalá lo estén), a las cuatro te acercarás al paseo pereda y cogerás un taxi. Al taxista le dirás, bien alto y con seguridad: “al BNS”-con la seguridad de que si llegas a tu destino y está abierto, te lo vas a pasar rematadamente bien-.

Acabarás la noche en la playa, después de cantar a grito pelado turnedo (ven a Santander con ella aprendida, aquí es un himno), remoloneando en la terraza del bns hasta que se disuelva lo suficiente la gente como para poder coger un taxi a casa.

El sábado no se duerme la mañana. Se levanta uno temprano, recoge los bártulos, y se duerme una bedita siesta de cuatro horas en la playa. La opción más segura es coger la lancha al puntal, plantar bandera, y pasar el día en coma en la playa, solo interrumpido para darse algún baño en las aguas de las Quebrantas y comer merluza a la romana en el chiringuito. Verás llegar e irse barcos con los ojos medio cerrados, y tendrás cuidado de volver a la vida a tiempo para coger la última lancha. Depués, parada obligatoria en regma y ducha en casa. La noche? vuelta a empezar. Hoy cenamos en Marucho. La calle de Tetuán cuando no corre vuento es una sucesión de terrazas minúsculas y de gente comiendo rabas en la calle. En marucho se piden rabas, bocartes, y puding de cabracho, y si no no se va. Y si el presupuesto lo permite un buen pescado o un buen marisco. En marucho todo es bueno. La digestión se hace enfilando cañadio y se vuelve a terminar la noche en el BNS mientras suena de fondo La Bola de Cristal (reconocerás a los santanderinos de pro porque cuando comienza a sonar la Bola de cristal comenzarán a abandonar discretamente el barco, corriendo hacia los taxis). Puede parecerte que repetir sitio no te va pero creeme, el viernes te habrá dejado con ganas de más.

El domingo se puede dormir un poco más, y antes de partir hacia los orígenes lo mejor es subir al faro. El faro es peligroso porque el tiempo no pasa, así que si tienes que salir pronto de Santander lo mejor es vigilar el reloj. En el faro se comen rabas y se bebe cerveza reconstituyente, y se admiran las vistas de postal. Imprescindible aprovechar para dar una vuelta alrededor del faro, a lo largo del acantilado y pensar “qué bonito en Santander” por última vez antes de irte, sabiendo que vas a volver.

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