Nordeste

Es de dominio público a estas alturas que el tiempo en Santander es de todo menos estable. Es necesario haber vivido muchos años en Cantabria para hacerse profesional en conocimientos atmosféricos. Y una vez cumples con ese requisito, nadie puede rebatir tu sabiduría sin salir indemne.

Bahía de Santander. Cantabria.

Un golpe súbito de viento puede resultar en un drástico cambio de estación, y un santanderino mirará al turista cuando esto ocurra con condescendencia, guardando la toalla de la playa en la mochila y cambiándola por un paraguas. En Santander nos vanagloriamos de tener algunos vientos propios. El viento sur nos trastoca, las puertas se cierran sin avisar y cuando para deja tras de sí un rastro de lluvia ácida e intensa. El nordeste, sin embargo, es la calma después de la tormenta. Sopla nordeste, amenaza cambio y los ánimos se estabilizan. Mientras el viento sur arrastra todo a su paso, dejando unos amaneceres incomparables, el nordeste te refresca en los días veraniegos de calor. Es evolución, templanza y aventura. El nordeste amaina la bahía, convirtiéndola en el espejo en el que se reflejan las montañas, y el paseo en lancha hasta el puntal se vuelve más agradable. El mar se llena de veleros, gustosos de aprovechar el viento de popa y las rabas saben mejor, a sal, a Norte.

Nos gusta que el sur nos cambie la rutina, pero se agradece el nordeste para volver a empezar.

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