La lluvia

En invierno a Santander se viene a sentirse en casa. Santander es tierra de emigrantes que vuelven los puentes a coger aire. Pero también de turistas. La gran pregunta que se hace todo el mundo es qué hacer en Santander en invierno, y la verdad es que un viaje de fin de semana a Santander en época de frío da para mucho. Si vienes de turismo, el viernes al llegar querrás posar las maletas tranquilamente en tu alojamiento, y comenzarás oteando la ciudad de punta a punta, haciendo un reconocimiento general. Santander ha sufrido el arrase del fuego, y por eso en algunos puntos de su arquitectura ha perdido el encanto de su vecina San Sebastián. Que eso no te impida salir a pasearla. Callejear echando un vistazo a los escaparates del comercio local, parar en Gómez a comprar sobaos para desayunar, o recorrer las zonas peatonales del centro, visitando la catedral o el ayuntamiento. La cena de ese día puede ser en el restaurante Cañadio. Para mi, uno de los más recomendables de la zona, comer hamburguesas de atún rojo poco hechas y rematar con la tarta de queso que no es de este mundo. Si tu presupuesto es más reducido los pinchos de la barra también son de los mejores, y el vino sabe mejor bien acompañado. Después, en la Malinche te servirán casi cualquier coctail, y te amenizarán con un poco de música para ir entrando en calor. El Río de la Pila es parada obligada, las copas de la Bisagra se toman en la terraza hasta en invierno, y cuando te apetezca otra, la moska sirve unos gin tonics con nitrógeno líquido que son para morirse. Desde ahí la masa de gente fluye hasta el malaspina. Ojo con la hora de llegada, hasta las dos de la mañana te puedes encontrar cualquier tipo de música, sobretodo viejos clásicos, pero después de la transición a partir de las tres te reciben con un propuesta indecente. Desde el malaspina, personalmente, creo que lo más sabio es plegar velas, call it a night, recenar y a casa, momento de comentar la noche por whatsapp hasta quedarte dormido. Si te quedas por la zona de valdenoja tienes McDonalds a tiro de piedra, y eso siempre es una buena idea. Si aún tienes ganas de bailar, y dependiendo de tus gustos, las opciones serán Kudeta, Rokambole (que a pesar de tener buena música resulta sorprendente la claridad que hay en este bar a las 5 de la mañana, que las personas con las que llegan no parecen las mismas que las que te encuentras dentro), Dragon e Indian, pero insisto, luego no vale quejarse. Al día siguiente despertarse tarde, hacer de tripas corazón y salir a la calle. Con suerte no llueve y el paseo hasta el Palacio de l a Magdalena es bonito hasta nublado. Lo más impresionante de la finca del palacio no es el palacio mismo, ni que allí se rodara Gran Hotel, ni siquiera que en pleno Santander haya focas y pingüinos, lo mejor son las vistas. Caminar al borde del acantilado por la península de la Magdalena y rodear el palacio por todas partes, adquiriendo una visión panorámica de todo Santander. Para comer, el barrio pesquero. El pescado de los peñucas o de la chulilla, y un helado en regma para bajar la comida. Quién dijo frío? Por la tarde si hace bueno se puede coger un buen abrigo, acercarse al embarcadero y coger la primera lancha que salga hacia el río cubas. El calor para esta excursión es aconsejable pero no imprescindible, con el sol resulta suficiente para apreciarlo en todo su esplendor. Y no solo la ría, sino también toda la bahía al paso de la lancha. No por nada dicen que es una de las bahías más bellas del mundo. Por la noche se puede reservar en el Nobrac o en el Cadelo. Ambos sitios pequeños con pocas mesas en los que merece mucho la pena comer. En el nobrac ademas de sus hamburguesas, sus patatas y su yuca, resulta fundamental pedir tartas. Y salir de allí rodando hacia el gin tonic digestivo. Si te apetece cambiar la copa se puede tomar en el propio Río de la Pila, en la tienduca o en el living, y como siguiente paso cambiar malaspina  por opium, con un poco de suerte es día de karaoke y perfilas tus aptitudes. El domingo qué mejor que despedirse de Santander con un paseo en coche, bordear la costa, parar donde haga falta, y llegar hasta la playa de la arnía para tomar las últimas rabas en el cazurro. Antes de que te des cuenta, estarás echando de nuevo de menos el norte. Pd. Este post está inspirado por todos aquellos que alguna vez me han pedido consejo al traer amigos a Santander, especialmente mi amigo el expatriado, que agradecerá que haya optado por esto en vez de cobrarle por mis servicios.

Faro. Santander.

Faro. Santander.

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